jueves, 29 de diciembre de 2011

EL RETRATO DE LAURA

"Como obra de arte, no podía encontrarse nada más admirable que la pintura misma. Pero ni la factura de la obra, ni la inmortal belleza de aquel semblante, podían haber sido lo que tan repentinamente y con tal vehemencia me había impresionado entonces, y menos aún que mi fantasía, conmovida en su duermevela, hubiese confundido aquella cabeza con la de un ser vivo.

[...]

Había adivinado que el encanto de aquella pintura consistía en una absoluta semejanza con la vida en su expresión, que primero me había estremecido y, finalmente, me desconcertó, subyugándome y anonadándome.

[...]

Era una joven de particular belleza y no menos amable que llena de jovialidad. [...]"

El retrato oval (1842)




Laura (1944)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

CARMEN STERNWOOD

"Se mordió el labio, torció la cabeza un poco y me miró de reojo. Bajó los párpados hasta que las pestañas casi le acariciaron las mejillas y luego los alzó muy despacio, como si fueran un telón teatral: un truco con el que llegaría a familiarizarme, destinado a lograr que me tumbara patas arriba."


El sueño eterno



Carmen Sternwood.

Yo también termino patas arriba.

lunes, 26 de diciembre de 2011

"ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS" (II)

Encerrado en mi habitación. Con las luces apagadas. Con la persiana bajada cuando era de día. Con los cascos puestos. El mundo reducido a un metro cuadrado. Tan sólo el sonido y yo.

Durante casi una semana he estado buscando efectos, grabándolos yo mismo y componiendo atmósferas sonoras. Pero, sobre todo, me he transportado a los helados montes de la Soria medieval. He cabalgado junto a Alonso y Beatriz. Me he estremecido al escuchar historias de ánimas que se levantan de sus tumbas.

Al final de cada día tenía que estirar las orejas, casi aplastadas por los cascos.

Pero eso ha sido lo de menos.

He de confesar que esto era algo que había soñado durante mucho tiempo. El grabar una dramatización de El monte de las ánimas, sin duda, mi leyenda preferida de Bécquer y una de las que me ha marcado desde la primera vez que la leí. Hoy, por fin, la tengo aquí, acabada. Y como diría el propio Gustavo: "Allá va, como el caballo de copas". Pues eso, allá va. Espero que el que quiera perder algo de su tiempo en escucharla disfrute tanto como yo lo he hecho componiéndola. Y que tenga que volver la vista atrás de vez en cuando...

"Allá va, como el caballo de copas" (un año después) (enlace)






sábado, 17 de diciembre de 2011

NAOMI WATTS

Naomi Watts es guapa. Eso es un hecho objetivo.

Me encanta el papel que hace en King Kong. Quizás por esa razón me la imagino siempre así, rodeada por ese halo de luz etérea. Como si fuera un ángel, sí. Tal cual.

Hace una semana emitieron esa película en la tele. Justo cuando la puse se encontraba en la secuencia en la que el Kong lucha contra los T-Rex. Una de las mejores, sin duda. Pero no mi favorita.

Cuando la bestia se encuentra en mitad de Central Park, destrozando todo lo que ve a su paso, desbordado por la cólera, llega el momento en que encuentra lo que buscaba. No puede hacer nada. Está paralizado. Lo único que desea es estar con ella. Contemplarla. El maldito Peter Jackson supo representar de forma perfecta esa sensación. No hay nada alrededor, tan sólo ellos dos, la bella y la bestia.




Precisamente esa misma tarde, antes de haber encendido la tele, tenía pensado ver Mulholland Drive. Y lo había hecho sin saber aún que también la protagonizaba Naomi. Ya he hablado otras veces de que un síntoma claro para comprobar si una película me ha gustado de verdad es el hecho de que, al final, me levante del sillón con un respingo. Hay otro más: el de buscar información en la Wikipedia. Información no de la película en sí, sino de lo que cuenta. En este caso fue para saber, para entender mejor qué es lo que cuenta. La recomiendo encarecidamente.


(Ficha de Mulholland Drive)


En definitiva, escribo sobre Naomi Watts porque se convirtió en el hilo que unió dos grandes sensaciones esa tarde. Porque casualmente el mismo día en que volví a deleitarme recordando la escena de Central Park de King Kong descubrí una grandiosa película. Y porque, como dije al principio, Naomi es guapa. Es muy guapa. Y también actúa bien, muy bien.

viernes, 2 de diciembre de 2011

LA CANCIÓN DE CLAUDIA


"Algunos años más tarde, la señora Ansonia Feathers hizo el arduo viaje hasta el condado de Hodgeman para visitar el último lugar de descanso de su única hija.
Había pasado mucho tiempo desde que William Munny desapareciera con los niños… algunos dijeron que a San Francisco, donde se rumoreaba que prosperó en la venta de provisiones.
Y no había nada en la tumba que explicara a la señora Feathers por qué su única hija se había casado con un conocido ladrón y asesino, un hombre notoriamente vicioso y de carácter inmoderado."






Bien Clint, bien.

viernes, 25 de noviembre de 2011

"ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS"

Estoy leyendo El monte de las ánimas. Lo hago solo, casi en penumbra, las páginas alumbradas únicamente por la tenue luz que proporciona la pantalla del ordenador.

Este relato forma parte de mi lista de cuentos preferidos. Junto a El gato negro. Junto a Carmilla o El vampiro. Pero este tiene algo de especial. Probablemente porque fue el primero de esa lista. Porque la introducción, la majestuosa introducción estimula esa zonita tan peculiar del cerebro del ser humano, aquella que aún se estremece a pesar del avance científico. A pesar de que "ya está todo inventado".

Creo que voy a escribir un guión. Para adaptarlo a radio. Recuerdo que, hace no mucho, el programa Milenio 3 dramatizó la historia con motivo de la víspera del Día de Todos los Santos. Comencé a escucharla con mucha ilusión. Iban a dramatizar El monte de las ánimas... Sinceramente, me decepcionó mucho. Quizás por eso tengo clavada esa especie de espinita. Sí, voy a escribir ese guión.

Lo haré ambientándome, claro. Parecido a como Bécquer escribió la leyenda. Tan sólo espero no tener que volver mucho la cabeza, igual que él.

"Allá va, como el caballo de copas" (un año después) (enlace)


miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL ENIGMA DEL FIN DE LOS TEMPLARIOS (IV). EL BAPHOMET

EL BAPHOMET

Hagamos ahora un pequeño receso en la narración de los acontecimientos para centrarnos en una cuestión de especial importancia. En los numerosos documentos que contienen todos los interrogatorios que se llevaron a cabo desde ese momento hasta 1311, aparece citado en no pocas ocasiones un enigmático nombre. No pertenece a ninguna lengua conocida. Nunca antes lo había escuchado nadie. Un nombre que ha pasado a la posteridad, convirtiéndose en un enigma no sólo dentro de este marco histórico en el que tuvieron lugar los acontecimientos que aquí nos ocupan, sino que se hace extensible al conjunto de misterios de la historia general. El enigma de Baphomet.

El objetivo de estos interrogatorios era claro: había que conseguir la confesión de los templarios arrestados. La acusación de herejía era la que más interesaba a los inquisidores, por motivos obvios. En la carta que Felipe IV había mandado a las autoridades francesas ya se exponían algunos puntos, como la supuesta adoración a ídolos con forma de cabeza, a partir de los cuales iban a estar enfocadas las preguntas.

Pero, ¿cómo surge el nombre de ‘Baphomet’ o ‘Bafomet’? Existen muchas teorías al respecto, pero ninguna certeza. Por un lado, se afirma que puede tener un significado cabalístico y que, leído al revés, significaría algo como “el Padre del Templo” o “paz universal de los hombres”; por otro, se cree que puede ser la unión de dos palabras griegas, ‘baphe’ y ‘meteos’, esto es, ‘bautismo’ e ‘iniciación’, respectivamente, en una clara alusión a los supuestos rituales de admisión en la orden. Sin embargo, la hipótesis más extendida es la de que se trata de una deformación occitana de alguna otra palabra. Se habla de que ésta puede ser de origen musulmán, dado que hay quien dice que ‘Baphomet’ es la deformación de ‘Mahomet’, esto es, Mahoma. ¿Por qué precisamente de este nombre? Hay que tener en cuenta dos cosas, la primera, que, como hemos apuntado, se estaba “demostrando” que los templarios adoraban a un ídolo, y la segunda, que en Europa existía la creencia de que los musulmanes era idólatras, aunque en realidad hoy sabemos que no es así –de hecho, los cristianos, con las distintas imágenes de Cristo y la Virgen, sí que lo son–. De este modo, se dio por supuesto que durante las Cruzadas los Caballeros del Temple habían adoptado las costumbres del enemigo musulmán. Parece ser que esta idea empezó a difundirse promovida por Felipe IV, justificando así el hecho de que fracasaran en su misión de recuperar Tierra Santa, dado que Dios les habría dado la espalda, y fue además uno de los puntos principales de los interrogatorios inquisitoriales y la razón definitiva para que se crearan sospechas en cuanto a ese supuesto ídolo. En base a esto, existe la teoría de que el nombre de Baphomet lo habría pronunciado por primera vez un caballero occitano que habría sido cuestionado sobre el supuesto ídolo de los templarios. Éste afirmó que lo había visto y que se dirigían a él con el nombre que ya ha pasado a la historia, sólo que en realidad quería decir ‘Mahoma’, quizás influenciado por esa creencia cada vez más extendida del culto musulmán por parte de los templarios.

A pesar de estas teorías, el primero que definió el ídolo al ser interrogado fue el hermano Gaucerant de la encomienda de Montpézant, diciendo que se trataba de una imagen barbura “in figuram baffometi”, es decir, “con la forma de un ‘bafomet’”, como si esa palabra sí que fuera conocida, al menos, por sus hermanos, para referirse a esa talla.

Esta descripción de la cabeza con barba ensortijada “como la de los negros”, quizás también en relación con los musulmanes, se repite en otros testimonios; sin embargo, lo más representativo de las declaraciones de los templarios acerca de los baphomets son las diferencias entre estas descripciones. Algunos presentaban al ídolo como una cabeza, no sólo barbuda, sino con varias caras, otros afirmaban que tenía seis pies, dos delante, dos a los lados y dos detrás. Se hablaba también del material del que estaba confeccionado, aspecto en el que se difería de igual forma: de plata, de oro, de madera, de metal,… Incluso hubo quien llegó a afirmar que se trataba de cráneos humanos.

Otra descripción extendida, y que se diferencia de las anteriores, es la que presenta al ídolo Baphomet como “un gran macho cabrío sentado en un trono y entre sus cuernos lucía una antorcha encendida. Sobre la frente llevaba la estrella de cinco puntas, o pentagrama. Una de sus manos señalaba hacia lo alto, mostrando el signo del ocultismo, con la Luna Blanca de Chesed hacia arriba y la Luna Negra de Gebrugah hacia abajo. En el seno llevaba un caduceo, la vara delgada rodeada por dos serpientes que era el antiguo símbolo de Mercurio y que representa la actividad y la renovación. El vientre era de escamas y uno de sus brazos era femenino y otro masculino. Esta misma representación existe todavía hoy en las cartas del Tarot y simboliza la fuerza de la creación, la imaginación creadora y la inventiva práctica.” (Masiá Vericat, 2004:177-78).

En lo que sí solían coincidir todos era en que a esos ídolos se les rendía culto, se les adoraba y se les llamaba “Salvador” porque les proporcionaba poder y riqueza. Sin embargo, por regla general seguían difiriendo en los tipos de rituales descritos, aunque a veces existían ciertas semejanzas. Bernardo de Salgues y Bernardo de Silva, que fueron asistentes ocasionales a algunos de los capítulos que celebraban los templarios, afirmaron que la cabeza hablaba. Sostenían, además, que en uno de los rituales se presentó en forma de gato, prometió buenas cosechas y contestó a las preguntas que se le hicieron. Por último, aparecieron otros “demonios” en forma de mujer para satisfacer a los asistentes.

Llegados a este punto, hay que tener muy en cuenta un aspecto, y es que era frecuente que en los interrogatorios los acusados utilizaran la palabra “diablo” o “demonio” en las descripciones del supuesto ídolo, pero no se debe dar mucha credibilidad a los testimonios en ese sentido, dado que la insistencia de los inquisidores en ese tipo de preguntas relacionadas con la idolatría, añadida a las torturas, al hecho de que otros hermanos ya hubieran sido condenados al no decir lo que los inquisidores querían y a los “privilegios” durante el período de encarcelamiento –a Bernard de Salgues y Bertrand de Silva les quitaron los grilletes– si finalmente cedían, hacía que los acusados acabaran afirmando casi cualquier cosa. De este modo, los inquisidores conseguían que una simple mención a una supuesta talla con forma de cabeza pasara a convertirse en un culto a un ídolo que no era Dios, y de ahí en una adoración al diablo –lo cual no era muy difícil, teniendo en cuenta que la idolatría ya de por sí se consideraba una práctica herética y que, además, todo lo que no era adorar a Dios y sí a otros ídolos, era, por extensión, adorar al diablo–, favoreciendo así el hecho de conseguir justificaciones para una condena, que era, como apuntamos al comienzo de este apartado, el objetivo final.

En definitiva, nunca se logró demostrar la existencia del Baphomet. Hay hipótesis que afirman que no hubo ninguna talla con forma de cabeza a la que se adoraba, y prueba de ello sería que nunca se encontraron ninguno de esos ídolos, y que el nombre no aparece en ningún documento templario, además de las divergentes descripciones que, más que nada, se hacían para que cesasen las torturas. Sin embargo, muchos investigadores creen firmemente en que el Baphomet verdaderamente existió y que era adorado. Una de las razones que se apuntan para ello es que era la representación de la cabeza de San Juan Bautista –otros aseveran que en su origen fue su propio cráneo–, de gran significado para los templarios, dado que levantaron numerosos templos en su honor. No sería descabellado porque que se enmarcaría dentro de la tradición de diferentes culturas de adoración de cabezas cortadas, tal y como explica Mariano J. Vázquez Alonso (2005:190-91). Por último, el hecho de que se describiera de varias formas respondería a que había diferentes representaciones del Baphomet.