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jueves, 2 de agosto de 2012

INSPIRACIÓN

No puedo dormir. Soy incapaz porque mi mente ebulle, porque genera ideas.


Aún palpita después de haber estado escribiendo.


Y entonces me levanto. Y veo un resplandor azulado colándose por la ventana. Esta noche hay luna llena, y en este preciso momento se encuentra justo en el centro del cielo. Y aquella ebullición hace que crea escuchar el aullido lejano de un lobo, de una criatura sobrenatural acaso.


Y mi corazón late deprisa ante lo romántico del momento.


lunes, 9 de enero de 2012

"USTED CONOCE MIS MÉTODOS, RITCHIE"


"Es uno de aquellos casos en los que quien razona puede producir un efecto que le parece notable a su interlocutor, porque a éste se le ha escapado el pequeño detalle que es la base de la deducción."
Conan Doyle, La aventura del jorobado

Mi maldita tendencia al prejuicio me la estaba jugando otra vez más. Allá por 2009, soltaba rayos y truenos por mi boca al ver continuamente promocionada la película “Sherlock Holmes” dirigida por Guy Ritchie. ¿Convertir al fabuloso personaje de Sir Arthur Conan Doyle en un guerrero saltimbanqui a la altura de lo que hicieron con Van Helsing, por ejemplo, hacía unos años? No, por favor. En absoluto. No podían cometer tal sacrilegio.
Más o menos un año después, me decidí a verla. En parte para comprobar sí, efectivamente y tal como me habían dicho, era una película divertida y entretenida; en parte para poder emitir un juicio valorativo por mi propia cuenta. Porque no es malo criticar negativamente, pero sí hacerlo cuando no sabes qué es lo que estás criticando.
Una vez hubo terminado el film, me di cuenta de que no podía haber estado más equivocado en un primer momento. Evidentemente los personajes que Ritchie muestra en su película no son una representación estrictamente fiel de los originales de Conan Doyle, pero igual de cierto es que esa diferencia no es tan grande como en un primer momento puede pensarse. Los amantes de los relatos originales opinan seguro igual que yo. Y es que la esencia de los personajes clásicos, de las relaciones entre ellos, se mantiene. Tanto esta primera película, como su secuela, recientemente estrenada, reflejan muy bien esa personalidad extravagante tan particular de Holmes. El detective es desordenado, prácticamente siempre está encerrado en su casa de Baker Street, con la atención siempre puesta en la resolución de algún caso, recordando otros pasados y solucionados con éxito o realizando experimentos químicos. A Holmes le cuesta relacionarse con la gente porque sólo vive por y para sus casos, por y para los verdaderos retos, no para la vida cotidiana y monótona. Es un buen boxeador y luchador cuerpo a cuerpo. Está en plena forma. Se disfraza muy bien y muchas veces desaparece durante algún tiempo sin que nadie sepa dónde está.
Por su parte, el profesor Watson es su único y verdadero amigo. Su vida, sin embargo, sigue un camino diferente. Él sí evoluciona: se casa y abandona el domicilio en Baker Street, con lo cual se aparta un poco de Holmes. A pesar de ello, en el fondo ansía seguir viviendo “aventuras” con él. Éste, por su parte, también prefiere estar acompañado por su amigo en sus investigaciones, y por eso siempre se lo pide. Además, intenta “adiestrarlo” en su forma de sacar conclusiones. De ahí la famosa frase: “Usted conoce mis métodos, Watson.”
Todo lo que acabo de enumerar son rasgos que aparecen en los relatos originales de Conan Doyle. Todo ello, del mismo modo, se ve reflejado en las dos películas de Guy Ritchie. Algunos elementos un tanto exagerados, sí, pero, como apuntaba antes, la esencia se mantiene. Todo el universo holmesiano, en general, está muy bien reflejado, destacando sobre todo, en mi opinión, la plasmación de la personalidad excéntrica de Holmes. Es más, creo que una de las particularidades del montaje de las películas de Ritchie, esas sucesiones de planos cortos tanto ralentizados como acelerados, son perfectas para reflejar los procesos deductivos –o inductivos, aunque ese sería otro tema– que el detective lleva a cabo a partir de la observación de los detalles que tan recurrentes son en los relatos.
Guy Ritchie ha sabido manejar muy bien lo que le fue puesto en las manos. Como en la mayoría de sus películas, por otra parte. Porque no sólo ha hecho una muy buena adaptación, sino que también logra que los que no conocían el Canon holmesiano lo pasen bien con unas tramas entretenidas y bien construidas, aunque no reparen en que tras lo más comercial hay un profundo respeto por lo clásico y original. Porque ha logrado convencer con creces a un amante del Holmes literario que partía desde el más puro escepticismo hasta justo antes de ver la primera de estas adaptaciones al cine. Es como si el propio Conan Doyle, atravesando la barrera del tiempo, esa que tan sólo la literatura, la radio y la imaginación pueden esquivar con total libertad, se hubiera dirigido al director inglés tomando el papel de su detective: “Usted conoce mis métodos, Ritchie. Aplíquelos.”

sábado, 17 de diciembre de 2011

NAOMI WATTS

Naomi Watts es guapa. Eso es un hecho objetivo.

Me encanta el papel que hace en King Kong. Quizás por esa razón me la imagino siempre así, rodeada por ese halo de luz etérea. Como si fuera un ángel, sí. Tal cual.

Hace una semana emitieron esa película en la tele. Justo cuando la puse se encontraba en la secuencia en la que el Kong lucha contra los T-Rex. Una de las mejores, sin duda. Pero no mi favorita.

Cuando la bestia se encuentra en mitad de Central Park, destrozando todo lo que ve a su paso, desbordado por la cólera, llega el momento en que encuentra lo que buscaba. No puede hacer nada. Está paralizado. Lo único que desea es estar con ella. Contemplarla. El maldito Peter Jackson supo representar de forma perfecta esa sensación. No hay nada alrededor, tan sólo ellos dos, la bella y la bestia.




Precisamente esa misma tarde, antes de haber encendido la tele, tenía pensado ver Mulholland Drive. Y lo había hecho sin saber aún que también la protagonizaba Naomi. Ya he hablado otras veces de que un síntoma claro para comprobar si una película me ha gustado de verdad es el hecho de que, al final, me levante del sillón con un respingo. Hay otro más: el de buscar información en la Wikipedia. Información no de la película en sí, sino de lo que cuenta. En este caso fue para saber, para entender mejor qué es lo que cuenta. La recomiendo encarecidamente.


(Ficha de Mulholland Drive)


En definitiva, escribo sobre Naomi Watts porque se convirtió en el hilo que unió dos grandes sensaciones esa tarde. Porque casualmente el mismo día en que volví a deleitarme recordando la escena de Central Park de King Kong descubrí una grandiosa película. Y porque, como dije al principio, Naomi es guapa. Es muy guapa. Y también actúa bien, muy bien.

jueves, 17 de noviembre de 2011

MOMENTO RADIO

Acabo de escuchar "El discípulo de Drácula", un guión escrito por Juan José Plans para "Historias", el extinto programa de Radio Nacional de España dedicado a una de mis grandes debilidades: la radioficción.

La dramatización está hecha para aficionados al personaje del Conde. Tanto el de la novela como el del cine. Lógico, si se tiene en cuenta que se pretendía homenajear el centerario de obra de Stoker y el 150 aniversario de la muerte de éste.


Tiene esa atmósfera perturbadora, sí. Mantiene la tensión. Lo he escuchado con la luz bajita, como aconseja Plans al principio. Para que la imaginación se pusiera manos a la obra. Con esa magia que sólo transmite la radio.


Bien, acabo de darme cuenta de que últimamente sólo hablo de vampiros. Pues lo siento, es que me gustan mucho.




http://www.miedoteca.com/2011/06/el-discipulo-de-dracula.html

sábado, 12 de noviembre de 2011

DUPIN Y HOLMES, O EL PENSAMIENTO DEDUCTIVO

Me he comprado una libretita. Para apuntar cosas. Para que no se me olviden las ideas. Y resulta que estaba en la cama del hospital, tras mi artroscopia en la rodilla, leyendo El misterio de María Roget, cuando me encuentro con la siguiente intervención del brillante Dupin:


“-No creo necesario decirle –comentó Dupin al terminar la lectura de las notas– que es éste un caso bastante más complicado que el de la rue Morgue, del cual se diferencia en un punto muy importante. Esto es un ejemplo del crimen cruel, pero ordinario. No hallamos en él nada que sea particularmente exagerado o excesivo. Le ruego que se fije en que, por esta razón, ha parecido sencillo el misterio, aunque aquélla sea precisamente el motivo por el cual hubo de considerarse como más difícil de resolver.

Por esto, desde un principio, se consideró superfluo ofrecer una recompensa. Los pedantes auxiliares de G*** eran demasiado superiores como para comprender cómo y por qué podía haberse cometido semejante crimen. Su imaginación les permitía idear un modo (o varios), un motivo (o varios), y como no era imposible que uno de tan numerosos medios y motivos fuese el único cierto, creyeron como demostrado que el real había de ser uno de aquéllos. Pero la facilidad con que concibieron ideas tan diferentes, y hasta el carácter verosímil con que cada una estaba revestida, debieron haber sido tomados por indicios de la dificultad antes que de la facilidad atribuida a la explicación del enigma.”


Y, naturalmente, en seguida se me vino a la cabeza la famosa frase que Poe pone en boca del mismo personaje en Los crímenes de la rue Morgue:


“Yo creo que si este misterio se ha considerado como insoluble, por la misma razón debería ser fácil de resolver, y me refiero al outre carácter de sus circunstancias. La Policía se ha confundido por la ausencia aparente de motivos que justifiquen no el crimen, sino la atrocidad con que ha sido cometido. Asimismo, les confunde la aparente imposibilidad de conciliar las voces que disputaban con la circunstancia de no haber sido hallada arriba sino a madmoiselle L’Espanaye asesinada y no encontrar la forma de que nadie saliera del piso sin ser visto por las personas que subían por las escaleras. El extraño desorden de la habitación; el cadáver metido con la cabeza hacia abajo en la chimenea; la mutilación espantosa del cuerpo de la anciana, todas estas consideraciones, con las ya descritas y otras no dignas de mención, han sido suficientes para paralizar sus facultades, haciendo que fracasara por completo la tan traída y llevada perspicacia de los agentes del Gobierno. Han caído en el grande, aunque común error de confundir lo insospechado con lo abstruso.”


El paralelismo es más que obvio, pienso yo. En el caso de la rue Morgue, nos encontramos, según cuenta Dupin, con un misterio considerado por la policía como de difícil solución ante su imposibilidad de encontrar una explicación lógica de lo sucedido. Sin embargo, la dificultad para este “razonador” es mínima. Ocurre totalmente lo contrario con el caso de María Roget: al haber múltiples soluciones de carácter verosímil posibles, la policía opina que no habrá problemas para encontrar la verdadera, dado que ésta será una de aquéllas, aún sin haberlo comprobado, añado yo, suponiendo que esta es la deducción del personaje. Por el contrario, Dupin lo considera “más complicado que el de la rue Morgue”.

A partir de ese momento, y por esa misma razón, lleva a cabo un proceso de búsqueda de la verdad diferente al que puso en práctica en el primero de los misterios, y comienza a argumentar por qué algunos de los razonamientos que habían aparecido en ciertos periódicos dando posibles explicaciones al crimen y abriendo nuevas vías de investigación son falsos. Esto es, ante las numerosas posibilidades, lo que hace es ir descartando para, al final, llegar a la que no se pueda tildar de imposible, la cual será la verdadera. ¿Y no recuerda este modo de proceder a la también célebre frase de Conan Doyle: “Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”? ¿Nos encontramos, por tanto, ante una nueva prueba que demuestra la influencia que los cuentos protagonizados por Dupin tuvieron en el creador de Sherlock Holmes? No olvidemos que en el comienzo del relato La caja de cartón –que en muchas ediciones aparece en El paciente interno, por el hecho de que el anterior fue retirado durante un tiempo– Holmes lleva a cabo un proceso deductivo para saber lo que Watson, callado, estaba pensando en ese momento. Cuando su compañero, sorprendido, le pregunta cómo pudo haberlo “adivinado”, el detective, antes de explicarle todo ese proceso paso por paso, le dice:


“-Recuerde –dijo– que hace algún tiempo, cuando le leí un párrafo de Poe en el que un acertado conversador sigue los pensamientos no verbalizados de su compañero, usted se inclinaba a considerar el asunto como un simple tour-de-force del autor. Al observar yo que que yo mismo tenía la costumbre de hacer constantemente esto mismo, usted expresó cierta incredulidad.”


El “acertado conversador” no es otro que Dupin, y el párrafo al que Holmes se refiere pertenece a Los crímenes de la rue Morgue, cuando el personaje de Poe deduce también lo que su acompañante está pensando mientras los dos pasean por la calle.

Me encanta encontrarme con estas cositas. Con estas conexiones. Y ahora tengo mi libreta. Para que no se me olviden cuando las encuentro, como ya he dicho. Tan sólo espero que ahora me acuerde siempre de llevar un bolígrafo en el bolsillo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

EL NOSFERATU, EL VAMPIRO

La tarde de Halloween envejecía estando yo sentado en mi sillón delante de la tele. Mirando, sí, hacia la pantalla, pero sin prestar atención al juego de imágenes. Veía y procesaba, pero mecánicamente, sin detenerme en el fondo. Oyendo voces amortiguadas. En un momento dado llegué a Cuatro, donde se emitía un capítulo de la serie Castle, un especial de la víspera del Día de Todos los Santos. Me ocurre que fechas como la de aquel día me apetitan momentos de penumbra, lamparita opcional y ventana. Por ello, al comprobar la atmósfera del capítulo me puse en alerta. Comencé a dejar de procesar mecánicamente y a detenerme en el fondo. Los personajes de la serie hacían una fiesta y habían traducido su banal afán fetichista en una de las típicas calabazas con la forma tallada del Conde Orlock, el protagonista de Nosferatu. E impulsado por tal magia, la que me rodea en fechas como la de aquel día, la que mantiene el corazón en un estado de expectación continuo y que lo hace bombear de emoción una vez encontrado el elemento ideal, me puse a reflexionar tomando como punto de partida a la criatura, al no-muerto.
No es nada nuevo lo que viene a continuación, pero si a alguien le interesa el tema o tiene curiosidad por empezar a saber algo, aquí viene bien resumidito. ¿Por qué el vampiro, el mítico, el de las leyendas, recibe ese nombre dentro de nuestra cultura?


Cuando Friedrich Wilhelm Murnau decidió llevar al cine la historia de Drácula por primera vez, tuvo la idea de cambiar los nombres de los personajes para no tener que pagar derechos de autor a la viuda del difunto Bram Stoker, autor de la novela. Por ejemplo, el apellido de Jonathan Harker era Hutter, o algo parecido. Y digo 'algo parecido' porque escribo de memoria y no lo recuerdo muy bien. El Conde Drácula pasó a ser el Conde Orlock. Nosferatu, el título de la película, era uno de los nombres con los que en la Europa del Este se conocía a esas criaturas que en su hermana Occidental pasaron a llamarse ‘vampiros’.
No es que se pensara desde un principio que estos entes salían cada noche para chupar la sangre de los vivos. Su origen se encuentra mucho más atrás. En todas las culturas, desde siempre, ha existido la creencia de que hay ‘otro mundo’ al que van a parar los muertos, dentro de esa dualidad del cuerpo y el alma. El Paraíso en el cristianismo, los Campos Elíseos, el Inframundo al que se accedía a través de la barca de Caronte, el Limbo. Esos sitios reservados para la parte incorpórea del ser humano.
Piensa en algún familiar o algún conocido que haya estado muy enfermo. O alguien muy viejo. Imagina que esa persona que conoces tiene una larga enfermedad por la que lleva hospitalizada mucho tiempo. Poco a poco te vas haciendo a la idea de que, tarde o temprano, se va a ir. Sigue ahí, pero eres consciente de que no está de la misma forma que estaba antes. Su cuerpo aún vive, pero es sólo un resto de lo que fue. Es más fácil, en definitiva, asimilar que ha muerto cuando esto sucede. Me refiero a que es más fácil que si fuera una muerte repentina.
Yo tengo la teoría, o, más bien, estoy seguro, de que el ser humano, desde que es tal, desde que existe la primera criatura a la que se considera ser humano, hasta el último que haya, es lo mismo. Habrá estado acostumbrado a diferentes culturas, diferentes formas de vida, pero hay algo aquí arriba, en el cerebro, que siempre es lo mismo. Algo innato, algo que hace que ciertas relaciones estímulo-respuesta nunca hayan cambiado. Es la razón por la cual las leyendas urbanas, aunque adaptadas al tiempo en cuestión, siguen teniendo éxito. La razón por la que la gente sigue sentándose alrededor de una hoguera, o de unas velas, a contar historias de miedo. Aunque ya estemos en la época de la racionalidad, de la fría ciencia.
Por eso, esa sensación de la que antes hablaba, también existía antes, desde que el ser humano, como digo, se considera tal. Incluso un poco antes. Uno se había hecho a la idea de que algún familiar o conocido enfermo se iba a ir, pero cuando le ocurría a alguien de forma repentina, cuando a ese alguien aún no le había llegado su hora, la asimilación se hacía más difícil. Y en esos tiempos, en los que la creencia de que existía ese ‘otro mundo’ era mucho más fuerte que ahora, se pensaba que esas almas a las que aún no les había llegado el momento se quedaban ahí,entre nuestro mundo y el otro. También se pensaba que muchas veces algunas de éstas volvían para molestar a sus familiares y conocidos vivos. Probablemente esta creencia surgía precisamente por el hecho de no haber asimilado aún la pérdida, por el hecho de sentir todavía cerca a ese ser querido. Era esa sensación de tener que volver la vista atrás cuando se andaba, pensando que ese que se había ido estaba aún ahí, en algún sitio. Así, se decía, iban acabando con la fuerza vital de los vivos. Era un hostigamiento psicológico. La inquietud de pensar que nunca estabas solo sumada al miedo a lo desconocido, por no saber lo que aquel ente o lo que fuera podría o no podría llegar a hacer. De este modo, al tener que vivir con ese peso, con esa inquietud, sí que es posible que se fuera consumiendo su energía vital. De hecho, por miedo a que esto sucediera, muchas veces se enterraba a los familiares boca abajo, porque, en el caso de que se despertaran, comenzarían a excavar, de modo que si lo hacían tierra abajo nunca podrían salir al exterior.
Es aquí cuando entra en juego de nuevo una de esas conexiones que establece el cerebro de manera inconsciente. Cuando se hablaba de energía vital, nuestra mente, de forma innata e inconsciente como digo, establece una relación con la sangre, con el fluido vital. Es una creencia muy extendida desde siempre. Por eso se cuenta que San Jorge se bañó en la sangre del dragón, para adquirir su fuerza. Por eso Sigfrido se baña también en la sangre del dragón Fanfir, para hacerse invencible. Nunca nos lo han contado, y sin embargo lo sabemos, sólo que no nos damos cuenta de ello hasta que lo leemos o nos lo dicen. Es esa relación entre vida y sangre que el cerebro establece de forma innata. De hecho, hasta hace no mucho tiempo en España se seguía recogiendo la sangre de los mataderos porque se pensaba que ésta podía curar enfermedades. La gente con dinero pagaba a otros para que hicieran cola para recoger la sangre de las reses y así poder ingerirla como medicamento, o para fabricar ungüentos de belleza. Incluso en la medicina eran una práctica habitual las transfusiones de sangre cuando algún paciente se sentía más debilitado de la cuenta, cuando hoy en día se sabe que una transfusión de un grupo sanguíneo diferente puede causar la muerte. Pero entonces se creía. Por esa asociación mental. Innata. Primitiva.
Es por esto por lo que, cuando se hablaba de energía vital, pronto se empezó a hablar también de sangre. Y rápidamente se asoció a estas criaturas con el animal vampiro, que se alimenta chupando la sangre de otros animales. Es así como pasó a la Europa del Oeste. El vampiro, el vrykolaka, el vurdalak. El nosferatu.


Reflexión, primero monologada y luego transcrita, la tarde de Halloween del año 2011. Con Mina’s photo como música de fondo. El final de la transcripción ocurrió a las 18:17, coincidiendo con el final de la canción puesta en modo bucle.
En Madrid, a 31 de octubre de 2011

lunes, 24 de octubre de 2011

MICROTEATRO POR DINERO

Es increíble la cantidad de cosas que puedes aprender y descubrir grabando un reportaje. Muchas veces me da por pensar eso de que ya está todo inventado. Que es muy difícil crear algo nuevo. Sacarse ese as de la manga. El conejo de la chistera. O cualquier tópico que se les ocurra. Pero, entonces, llega algo que vuelve a sorprenderme. Me ha pasado con canciones, con películas, con la radio. El jueves pasado me pasó con el teatro.

A mí, siendo mi debilidad la atmósfera, el hecho de sentirte recogido, metido de lleno dentro del mundo narrado y dramatizado en la pantalla, en el escenario. Una sala pequeña, de unos dos metros cuadrados, una obra de menos de quince minutos, un público inferior a quince personas –y es que no caben más, vaya–. Eso es Microteatro por Dinero. Sin escenario, con los actores interpretando su papel a escasos centímetros de ti.

La iniciativa surgió a finales del año 2009 de la mente del cineasta Miguel Alcantud, que tuvo la idea de alquilar un antiguo burdel para representar obras de corta duración en sesión continua en cada una de las habitaciones. El éxito fue tan rotundo que se decidió que lo que iba a ser algo puntual pasara a funcionar de forma continua. Se buscó un local en la calle Loreto y Chicote, una antigua carnicería, y en la planta baja se montó todo el tinglado. Tú vas, te tomas lo que quieras en el bar, te compras las entradas para las obras que quieras ver de las cinco que se representan a la hora elegida dentro de sus seis sesiones. Y si el comienzo te pilla bebiéndote la cerveza, te la bajas sin problema. La gente, además, muy amable y muy simpática. Los actores y las camareras. Unos cracks, ciertamente.

Pues eso, que cuando pienso que ya es muy difícil que me sorprenda verdaderamente algo, me topo con cosas como esta, que me hacen darme cuenta de que en realidad aún hay muchísimas cosas por descubrir, y otras tantas que, aun estando descubiertas para el mundo, yo he de hacerlo para mí mismo.

Ale, a visitarlo.

http://www.teatropordinero.com/index.php