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martes, 16 de abril de 2013
'EL CORAZÓN DELATOR'
viernes, 29 de marzo de 2013
jueves, 1 de noviembre de 2012
ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS
Es necesario que establezca bien, por tanto, la diferencia entre mis gustos 'favoritos' y mis gustos 'especialmente favoritos'. Los primeros, tal cual, son eso, gustos. Pero los segundos tienen que ver con el impacto de lo nuevo, con la impresión más allá de elementos narrativos, de formas de escribir. Por eso son 'especiales'. Porque fueron los primeros. Los que me ayudaron a descubrir.
Tal fue para mí El monte de las ánimas de Bécquer, y a la misma me refería al principio. Y decía que allá va de nuevo porque ya la compartí aquí, aunque por no sé qué motivo los administradores de la página web en la que colgué la dramatización decidieron eliminar el archivo. Por eso he decidido volver a compartirlo. Por eso y porque le he añadido algunas mejoras. Por eso y porque hoy, tal día como hoy, 1 de noviembre, Bécquer la escribió "volviendo algunas veces la cabeza con miedo".
Espero que disfrute quien la escuche, eso sí, sin olvidar que lo recomendable es colocarse los cascos, cerrar los ojos y dejar que la imaginación trabaje.
viernes, 6 de julio de 2012
MARE
lunes, 9 de enero de 2012
"USTED CONOCE MIS MÉTODOS, RITCHIE"
jueves, 29 de diciembre de 2011
EL RETRATO DE LAURA
[...]
Había adivinado que el encanto de aquella pintura consistía en una absoluta semejanza con la vida en su expresión, que primero me había estremecido y, finalmente, me desconcertó, subyugándome y anonadándome.
[...]
Era una joven de particular belleza y no menos amable que llena de jovialidad. [...]"

miércoles, 28 de diciembre de 2011
CARMEN STERNWOOD

Carmen Sternwood.
Yo también termino patas arriba.
lunes, 26 de diciembre de 2011
"ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS" (II)
Durante casi una semana he estado buscando efectos, grabándolos yo mismo y componiendo atmósferas sonoras. Pero, sobre todo, me he transportado a los helados montes de la Soria medieval. He cabalgado junto a Alonso y Beatriz. Me he estremecido al escuchar historias de ánimas que se levantan de sus tumbas.
Al final de cada día tenía que estirar las orejas, casi aplastadas por los cascos.
Pero eso ha sido lo de menos.
He de confesar que esto era algo que había soñado durante mucho tiempo. El grabar una dramatización de El monte de las ánimas, sin duda, mi leyenda preferida de Bécquer y una de las que me ha marcado desde la primera vez que la leí. Hoy, por fin, la tengo aquí, acabada. Y como diría el propio Gustavo: "Allá va, como el caballo de copas". Pues eso, allá va. Espero que el que quiera perder algo de su tiempo en escucharla disfrute tanto como yo lo he hecho componiéndola. Y que tenga que volver la vista atrás de vez en cuando...
"Allá va, como el caballo de copas" (un año después) (enlace)
viernes, 25 de noviembre de 2011
"ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS"
Este relato forma parte de mi lista de cuentos preferidos. Junto a El gato negro. Junto a Carmilla o El vampiro. Pero este tiene algo de especial. Probablemente porque fue el primero de esa lista. Porque la introducción, la majestuosa introducción estimula esa zonita tan peculiar del cerebro del ser humano, aquella que aún se estremece a pesar del avance científico. A pesar de que "ya está todo inventado".
Creo que voy a escribir un guión. Para adaptarlo a radio. Recuerdo que, hace no mucho, el programa Milenio 3 dramatizó la historia con motivo de la víspera del Día de Todos los Santos. Comencé a escucharla con mucha ilusión. Iban a dramatizar El monte de las ánimas... Sinceramente, me decepcionó mucho. Quizás por eso tengo clavada esa especie de espinita. Sí, voy a escribir ese guión.
Lo haré ambientándome, claro. Parecido a como Bécquer escribió la leyenda. Tan sólo espero no tener que volver mucho la cabeza, igual que él.
"Allá va, como el caballo de copas" (un año después) (enlace)
lunes, 24 de octubre de 2011
COSAS DE DETECTIVES
¿Llamarán ahora a mi casa para pedirme colaborar en la resolución de algún crimen? Estaría bien, la verdad. Pero creo que si ha pasado algo en mi pueblo la policía no necesitaría mucha ayuda para encontrar al culpable. Es muy probable que llevara gorra o un crucifijo –llámese también rosario– colgado del cuello. Mi pueblo, Torredonjimeno, El Bronx.
Mejor me quedo aquí, imaginándomelo. O puedo leerlo. Pero bueno, Ibáñez, ¿Holmes no había muerto ya? Ah, no, que después de las cataratas revive. Que ahora estás con María Roget.
Estoy hablando solo otra vez. Cosas de detectives.
domingo, 2 de octubre de 2011
EL CLUB OLIMPO
No tardé mucho en llegar. El Club Olimpo estaba a rebosar esa noche. Como todas. Ya sabía de sobra lo que me iba a encontrar. La gente reía y charlaba sentada en las mesas redondas, en las que no cabían más de dos o tres personas. Eran conversaciones totalmente triviales, sin trasfondo, sin sentido. Todo parecía falso. Presuntuosidad, alcohol y humo. El humo del tabaco que flotaba en el ambiente, y que se convertía en la metáfora perfecta de la nube de irrealidad que era todo aquello. Cualquier cincuentón calvo y gordo podía ser un auténtico Adonis durante la noche entre esas paredes, cualquier insípido podía convertirse en el alma de la fiesta. Eso sí, si podía pagarlo. El Club Olimpo era una república independiente dentro de Tango City cuyo presidente era Breno en la que se hablaba el idioma del dinero, y a veces, muy pocas veces allí dentro, el de las balas. Siempre intentaba que todo eso no me afectara. Había aprendido que ese mundo no era compatible con el de ahí fuera, el mismo en el que me habían enseñado a sobrevivir. El mundo real. Sin embargo, todavía había algo que lograba captar mi atención cual lobo de mar hipnotizado por el canto de la sirena.
Al principio fueron las primeras notas tocadas con el piano, cuyo eco resonó en todo el salón. Luego, la voz, que comenzó a entrar por mis oídos de forma tan suave como el tacto del terciopelo. Lentamente, una palabra, una sílaba tras otra. Me daba el tiempo justo de saborear ese sonido antes de que, con la misma delicadeza, se fuera diluyendo en el resto de la atmósfera del salón. Poco a poco. De forma progresiva. Por un momento, casi pude experimentar la sensación de que mis pies se alzaban unos centímetros por encima del suelo, y que era capaz de dirigirme así, levitando, hacia el escenario, situado a la izquierda de donde me encontraba. Julia Lugano era la cantante estrella del club. Su figura comenzó a emerger del fondo. La nitidez del contorno luchaba por prevalecer sobre el resplandor de los dos focos que apuntaban al centro a la vez que avanzaba hacia el micrófono. En cuestión de segundos, unas curvas sinuosas, siempre embutidas en un vestido largo, que esa noche era de color rojo, quedaron, al fin, completamente definidas. La perfección de sus facciones se acentuaba aún más con la iluminación cenital, resaltando la prominencia de los pómulos. Los ojos, grandes y claros, pero entornados y ensombrecidos por las largas pestañas. El tabique nasal recto, los labios, bien perfilados, con las comisuras inclinadas levemente hacia abajo. El inferior era más ancho que el superior, y sin embargo, hasta desde lejos, ambos seguían dando la sensación de llegar a ser incluso esponjosos. Pero era su voz, su presencia en el escenario, desde el que parecía poder abarcarlo todo, lo que la hacía irresistible. Las conversaciones se veían interrumpidas, cesaba el ruido de las copas al brindar, el de las risas falsas… El tiempo se detenía cuando empezaba a cantar. De súbito, sacudí la cabeza. Debía serenarme. Yo había sucumbido una vez a sus encantos, pero eso se había acabado hacía mucho tiempo. Ahora tenía entre manos un asunto que requería presteza. Miré hacia el frente. Allí estaba la barra, oscura, vacía. El lugar de los fracasados y los borrachos. Yo no era ninguna de esas cosas, pero siempre elegía ese sitio. Lo prefería antes que sentarme en una de las mesas. Siempre tuve miedo de hacerlo y que el agujero negro de la fachada y la hipocresía me tragara. Era algo que tenía mucho poder, al igual que el de la atracción de Julia. Además, María, la camarera, era mucho más guapa.




