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martes, 24 de septiembre de 2013

ETÉREA







                                        Si fueras de verdad




                                                         ya no te soñaría.






martes, 16 de abril de 2013

'EL CORAZÓN DELATOR'

"Yo he escuchado todas las cosas del cielo y de la tierra y bastantes del infierno. ¿Cómo, entonces, he de estar loco?"
El corazón delator, E. A. Poe (1845)


Miedo. Tanto lo medito, leo y escribo, intentando averiguar algo de su verdadera naturaleza. Instinto, reacción primitiva, palabras que no llegan a ser resolutivas en la descripción. Inherencia que ambos, cerebro y cuerpo, se encargan de traducir de diversas formas. Una de ellas la inquietud, una de ellas quizás la culpa.

Me decidí a adaptar 'El corazón delator' mucho antes de hacer lo propio con 'El monte de las ánimas'. Fue el aspecto técnico en este caso el que impidió que el proyecto saliera adelante, haciendo que permaneciera hibernando, que no moribundo, en el montón de proyectos pendientes de mi biblioteca sonora mental.

¿Por qué este relato el primero? Porque es capaz de encoger el pecho como ningún otro, porque te hace querer levantarte del sillón, porque la no-locura del innominado protagonista genera el halo de tensión imprescindible y necesario para que el final sea efectivo, porque dicho final acaba por hacer que el lector -el oyente- definitivamente tenga que abandonar el asiento impulsado por la emoción. Sencillamente, porque daba mucho juego desde el punto de vista de la ambientación sonora.

De nuevo, lo recomendable es escuchar la dramatización habiendo buscado el punto clave de abstracción, con los ojos cerrados y con cascos, dejando que la imaginación haga su trabajo.









jueves, 1 de noviembre de 2012

ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS

Y allá va, efectivamente, de nuevo, porque hace casi un año decidí adaptar una de mis narraciones favoritas, de mis 'especialmente favoritas', a formato radiofónico. Los gustos que forman parte de esa selecta lista no son muchas veces los mejores desde el punto de vista técnico o estético. Ese no es requisito imprescindible. Me pasa, por ejemplo, con El gato negro de Poe, que cuando la leí con 14 años se convirtió en mi preferida de aquellas Narraciones extraordinarias. La razón no soy capaz de determinarla con seguridad. Los elementos primarios, el hombre, el animal, la oscuridad. Tal vez. Lo que sí puedo aseverar es que hubo otras, como El hundimiento de la Casa de Usher, que en aquel momento no entendí, pero que, al releerlas con más experiencia y más callos en el cerebro, no pudieron menos que pasar a engrosar mi lista de 'favoritas'. Pero nunca iban a suponer lo mismo para mí que El gato negro.
Es necesario que establezca bien, por tanto, la diferencia entre mis gustos 'favoritos' y mis gustos 'especialmente favoritos'. Los primeros, tal cual, son eso, gustos. Pero los segundos tienen que ver con el impacto de lo nuevo, con la impresión más allá de elementos narrativos, de formas de escribir. Por eso son 'especiales'. Porque fueron los primeros. Los que me ayudaron a descubrir.
Tal fue para mí El monte de las ánimas de Bécquer, y a la misma me refería al principio. Y decía que allá va de nuevo porque ya la compartí aquí, aunque por no sé qué motivo los administradores de la página web en la que colgué la dramatización decidieron eliminar el archivo. Por eso he decidido volver a compartirlo. Por eso y porque le he añadido algunas mejoras. Por eso y porque hoy, tal día como hoy, 1 de noviembre, Bécquer la escribió "volviendo algunas veces la cabeza con miedo".

Espero que disfrute quien la escuche, eso sí, sin olvidar que lo recomendable es colocarse los cascos, cerrar los ojos y dejar que la imaginación trabaje.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

ARTE

Hay muchas formas de hacer cine, y lo cierto es que he aprendido a ser bastante tolerante en ese sentido. Porque lo que prima es el buen sabor de boca final. Un largometraje de ficción pretende contar cosas, igual que un libro o una dramatización de radio y, al ver, leer o escuchar una historia por primera vez, lo más importante es estar satisfecho por haber experimentado sensaciones, sean de la naturaleza que sean. Es cuando puede palparse el notable éxito de la historia, porque el público no ha reparado aún en los detalles técnicos. Ya habrá tiempo de ese tipo de análisis en posteriores revisiones.

Hay muchas formas de hacer cine, pero existe una diferencia entre hacer una película y hacer arte. Porque es que esto es arte, coño:


El hombre que sabía demasiado, A. Hitchcock (1956)








jueves, 2 de agosto de 2012

INSPIRACIÓN

No puedo dormir. Soy incapaz porque mi mente ebulle, porque genera ideas.


Aún palpita después de haber estado escribiendo.


Y entonces me levanto. Y veo un resplandor azulado colándose por la ventana. Esta noche hay luna llena, y en este preciso momento se encuentra justo en el centro del cielo. Y aquella ebullición hace que crea escuchar el aullido lejano de un lobo, de una criatura sobrenatural acaso.


Y mi corazón late deprisa ante lo romántico del momento.


viernes, 6 de julio de 2012

MARE

"De los cuadros que acariciaba su artificiosa fantasía, y que alcanzaban, pincelada a pincelada, una vaguedad ante la cual yo me estremecía del modo más espeluznante, pues me sobrecogía sin saber por qué; de aquellos cuadros (tan vívidos que sus imágenes están ahora delante de mí), yo me esforzaría inútilmente en sacar más de una pequeña porción que cupiese en los estrechos límites de las palabras escritas. Por su absoluta sencillez, por la limpidez de sus perfiles, me retenían y me intimidaban la atención. Si jamás un mortal pudo pintar una idea, ese mortal fue Roderick Usher. Para mí a lo menos -en las circunstancias que me rodeaban- brotaba de las puras abstracciones que aquel hipocondríaco se ingeniaba para trasladar al lienzo, una intensidad de intolerabe terror del cual no había sentido yo ni una sombra ni aun en la contemplación de las tan resplandecientes y, con todo, demasiado concretas ensoñaciones de Fuseli."

El hundimiento de la Casa de Usher, E. A. Poe (1839)



La pesadilla, J. H. Fuseli (1781)

viernes, 4 de mayo de 2012

GARRA Y ALMA


En los últimos años, dentro del contexto en el que se enmarcan los continuos debates llenos de comparaciones entre Real Madrid y FC Barcelona, ha sido muy repetida la idea de que el juego del conjunto culé no gustaría en el Bernabéu, de que al aficionado merengue le seduce el fútbol de ida y vuelta más que el ‘tiqui-taca’, de que en el estadio blanco siempre se ha preferido más la garra, la lucha, el espíritu, el alma. No voy a entrar a valorar esas afirmaciones. Lo único que diré al respecto ahora es que a mí, simplemente, me gusta el buen fútbol, el que me divierte y el que consigue que ciertos partidos queden grabados en mi memoria.

El Real Madrid acaba de proclamarse campeón de liga por trigésimo segunda vez en su historia después de tres años de sequía. La última vez que el club merengue rompió otra racha negativa de tres temporadas sin conquistar un título liguero fue en 2007. En aquel mercado de invierno llegó al equipo de Capello un muchacho de 19 años apellidado Higuaín. Un jugador que, tal y como iba a verse a partir de entonces, posee precisamente las mismas características a las que antes hacía mención. Esas que se dice que gustan al hincha blanco, sí.

Recuerdo a la perfección el partido de debut del ‘Pipa’ en liga. Fue contra el Zaragoza, un encuentro en el que el conjunto maño dispuso de infinidad de oportunidades que Casillas desbarató. Higuaín jugó sus primeros minutos en el Madrid demostrando el porqué de su fichaje. Mucha participación, mucho descaro, mucho buen juego. Lo dije desde el principio: “Este tío me gusta. Este tío es bueno”. Los blancos se pusieron por delante con un gol del grandioso Ruud a pase de, precisamente, el niño que debutaba. Faltó su gol, ese que tardaría tanto en llegar, ese que luego iba a convertirse en un plural, en ‘esos’, esos de los que tendría para regalar.

Lo que luego pasó en esa liga es una historia ya bien conocida. Higuaín solo anotó dos tantos, el de la remontada ante el Espanyol y el del empate frente al Atlético en el Calderón, pero que fueron claves para conseguir cuatro puntos imprescindibles en ese sprint final de la mítica liga de Capello. Y, por supuesto, participó activamente en la consecución de otros muchos. Sin ir más lejos, en los tres que supusieron la remontada ante el Mallorca en la última jornada, dando lugar a la consecución del título.

Lo de Higuaín fue algo insólito en el Real Madrid. Llegó, como antes apuntaba, en el mercado de invierno de la 2006-07 junto con Gago y Marcelo, cuyos nombres, aunque también eran jóvenes promesas aún, ya habían empezado a sonar en Europa. Incluso el brasileño vino como internacional, y el debut con la albiceleste del que decían iba a ser el heredero de Redondo se produjo tan solo un par de meses después de aterrizar en la capital. El caso del ‘Pipa’ no era ese ni mucho menos. Higuaín estaba empezando a despuntar aún en River, pero era simplemente un chaval que marcaba sus primeros goles en Argentina, como tantos otros. Bueno, no exactamente. Porque no todos los muchachos de 18 años pueden presumir de convertir, como dicen en Argentina, dos veces en un ‘Súperclásico’. Dos golazos, de hecho. Esas fueron las primeras imágenes que vimos de él en España.

Era, por tanto, un auténtico desconocido. Me acuerdo perfectamente de que, en el tercer partido de Higuaín, la vuelta de los octavos de final de Copa jugado frente al Betis en el Bernabéu, que terminó con 1-1, siendo el Madrid eliminado, y que vi en la Peña Madridista de Torredonjimeno, en la pantalla gigante de la pared del fondo, la realización mostró un plano del ‘Pipa’ de espaldas. Un señor mayor, de ese grupo de socios fundadores que siempre ocupa los sillones de cuero frente a la proyección de los partidos, leyó el nombre que aparecía en aquella camiseta: “Higaín”, sentenció. Aquello me hizo mucha gracia, y también me hace rememorar todas las burlas que surgieron en torno al jugador y a la poca puntería de la que estaba haciendo gala: “Es ‘higualín’ que Ronaldo”. El crack brasileño acababa de irse al Milan, y la gente pensaba que al Madrid le habían dado gato por liebre.

Higuaín no vino como goleador. Se hizo aquí, aunque no fue ese año. De hecho, Capello lo utilizó en banda derecha durante el tiempo en el que Beckham estuvo en el ostracismo. La temporada siguiente también jugó varias veces en esa posición con Schuster, pero a medida que iba resolviendo sus problemas para definir de cara a puerta iba quedando cada vez más claro que él había venido aquí para eso, para romper las redes rivales. Su explosión total comenzó ese año 2008. Fue en “la primavera de Higuaín”. Después de haber marcado poco en toda la temporada, llegaban los goles del ‘Pipa’ acompañados del buen tiempo. Por supuesto, es muy especial uno en concreto, y fue el día en el que el Real Madrid se proclamaba campeón de liga si ganaba a Osasuna. Un partido que se preveía muy duro porque el rival se jugaba la permanencia y, por supuesto, por el ambiente en el Reyno de Navarra, siempre tan hostil para los blancos. Lo cierto es que se cumplieron las expectativas en ese sentido. La lluvia, además, dio el pincelazo que faltaba para teñir de épica el encuentro.

Osasuna se puso por delante en el marcador en los últimos minutos al transformar Puñal un penalti cometido por Heinze tras tocar el balón con la mano en una disputa aérea, jugada en la cual el defensor argentino sufrió una herida en los dedos que no pararía de sangrar. El Madrid jugó con 10 toda la segunda parte, e Higuaín había ingresado en el terreno de juego sustituyendo a Raúl faltando una media hora para el final. En el minuto 87 el ‘Pipa’ saca una falta lateral que Robben remata poniendo el 1-1 en el marcador. Un año después, otro gol de cabeza en un alirón merced a un balón puesto por el argentino. Gonzalo el ‘Pipa’ Higuaín marcó el gol de la liga dos minutos después, tras rematar con su vida un balón que se le había quedado botando dentro del área rojilla. La imagen de la celebración madridista bajo la lluvia, unida a la de Heinze con su mano que no dejaba de emanar sangre, es difícil, imposible de olvidar.

En la temporada 2008-2009, una de las más difíciles mentalmente para los blancos, Higuaín sostuvo al equipo en liga mientras duró la persecución al Barça. Fue su primer año con números de verdadero goleador (su último partido en la banda fue en la primera jornada contra el Depor), quedando para la memoria sus cuatro tantos frente al Málaga o el zurdazo que daba la victoria ante el Getafe, remontada contrarreloj incluida, que yo celebré tirándome de rodillas al suelo. Era un ‘Pipa’ más fuerte, más certero, más agresivo, más seguro de sí mismo. Era un ‘Pipa’ capaz de coger el balón en el centro del campo y avanzar como un elefante perseguido y cargado por rivales, todos sucumbiendo a su potencia, para finalizar la jugada con la precisión que anteriormente le había faltado. Sansón, Espartaco, un guerrero, un gladiador, un luchador. Pero pese a ello parecía que aún no había convencido a todo el mundo, que aún necesitaba seguir demostrando que valía para ser delantero titular en el Real Madrid. A mí no me hacía falta más. Veía reencarnados en su figura valores que antes habían representado Salgado, Helguera, Raúl o Solari, y que se va haciendo más difícil de encontrar en un deporte cada vez más negocio: el espíritu inquebrantable de no bajar los brazos.

El siguiente curso logró los que hasta ahora son sus mejores registros con la camiseta madridista, y pareció por fin haber terminado por asentarse como crack, y la 2010-2011 comenzó de igual modo. Hasta que llegó un día fatídico. El del ‘Clásico’, el primero de Mourinho. El Madrid iba líder y en un gran estado de forma al Camp Nou, pero pronto todo empezó a pintar mal, convirtiéndose en presagio de lo que luego iba a acontecer. Yo estaba viendo el maratón del programa ‘Punto Pelota’, y a lo largo de la tarde había comenzado a decirse que el ‘Pipa’ no iba a formar parte del once inicial por una lesión de última hora. Algo después José Antonio Luque informó de que quizás esa dolencia era más grave de lo que se pensaba en un principio. Efectivamente, el primer rumor se confirmó y el argentino no pudo jugar ese encuentro. El resultado fue el famoso 5-0, esa ‘manita’ que detuvo con un guantazo seco la esperanza madridista de, por fin, enfrentarse al Barcelona de tú a tú, teniendo la posibilidad real de acabar con su hegemonía. No, habría que esperar más. Igual que también habría que esperar para ver a Higuaín pisando el césped otra vez. El segundo rumor también se vio hecho realidad: una hernia discal le tendría en el dique seco seis meses. Adiós a la temporada para él.

Sin embargo, y como más adelante dijo su hermano, el ‘Pipa’ tiene los cojones de un toro. Volvió en abril, dos meses antes de lo esperado y, aunque se notaba que aún le hacía falta recuperar velocidad, vio puerta de nuevo veinte días después de su regreso endosándole un ‘hat-trick’ al Valencia. Pero al argentino le tocaba remar de nuevo a contracorriente. Otra vez a subir la montaña. Otra vez desde abajo. Otra vez a demostrar que no se amedrentaba. Una situación que ya conocía de sobra pero que, una vez superada, se antojaba más duro sobreponerse a ella de nuevo.

Higuaín se ha encontrado al mejor Karim Benzema luchando con él por un puesto en el once de Jose Mourinho. En esta temporada 2011-2012 no ha conseguido en ningún momento ser titular indiscutible. Volvió fuerte, anotando la friolera de 14 goles en la primera vuelta de la liga, alternándose el puesto con el francés. Pero el colosal nivel desplegado por Karim le ha ido restando minutos de juego. Y el ‘Pipa’ mitigó su rugido. Por primera vez se intuía que no estaba del todo dispuesto a pelear. Quizás cansado, quizás harto, quizás herido. Todo ello ha provocado las numerosas especulaciones y habladurías. Noticias sobre el interés de diversos clubes. Rumores que Higuaín nunca ha desmentido con rotundidad. Siempre intento mirar hacia otro lado y pensar que pasa lo habitual, eso de ‘mucho ruido y pocas nueces’. Pero llega el final de temporada y tengo miedo.

Hoy, de nuevo, leo. Leo artículos, crónicas y opiniones. Leo y veo que me quieren quitar al ‘Pipa’. Leo y veo que me quieren quitar la garra y el alma. Porque se puede comprar calidad, se puede comprar técnica y goles, pero no espíritu. Y es que en el mundo del fútbol éste se genera a base de jugar partidos, de manchar la camiseta de sudor, lluvia, barro, sangre y vida. Porque yo celebro con Higuaín sus goles. Porque están llenos de fuerza, de rabia, de carácter. Porque no hay nada mejor que marcar con el Real Madrid.

Vengo diciendo desde hace unos años que en mi cabeza está la idea de que el gol de ‘la Décima’ lo va a marcar Gonzalo el ‘Pipa’ Higuaín. Me duele pensar que quizás no tenga la oportunidad de ver ese deseo cumplido. Me duele mucho. Hace un tiempo Florentino hablaba de que había jugadores nacidos para vestir la camiseta del Real Madrid. Yo creo que el ‘Pipa’ tiene, sin duda, el gen madridista. Y esa cualidad innata no se puede arrancar. Este año, de nuevo, en el partido en el que los merengues tenían la posibilidad de cantar el alirón, el ‘20’ agarró un balón dentro del área, se lo colocó y soltó un nuevo zarpazo de furia interna que se coló por la escuadra. Gol del ‘Pipa’ y campeones de liga.

Gol del ‘Pipa’. Espero poder cantarlo muchas veces más.


sábado, 17 de marzo de 2012

EL VERDADERO AROMA DE LA CHAMPIONS

Hace algo más de un año escribí un artículo titulado “El aroma de la Champions”. La llegada progresiva del buen tiempo, el calor y la brisa fresquita son para mí, tal y como dije aquella vez, sensaciones asociadas a las eliminatorias a doble partido de la máxima competición europea. Pero no a cualquiera de ellas. Siempre que se avecinan estas fechas me es inevitable rememorar los fantásticos duelos Real Madrid-Bayern y Real Madrid-Manchester (United, que en los últimos tiempos se ha hecho necesario especificar), también los Chelsea-Liverpool de hace unas temporadas, o la magnífica y espectacular semifinal Milan-Manchester Utd. de la temporada 2006-2007, en la que se vio a un Kaka pletórico e impresionante que a la postre fue Balón de Oro. Partidos en los que se respira historia, en los que se respira tradición. Partidos en los que se respira eso que yo llamo el aroma de la Champions.

Ayer se celebró el sorteo de cuartos de final de la Liga de Campeones. Sorteo puro, sin condicionantes por el país o por la liguilla de clasificación. Esa circunstancia siempre ha permitido que a partir de esta ronda los amantes del fútbol comenzáramos a disfrutar ese tipo de eliminatorias memorables como las que antes citaba. Sin embargo, este año el bombo era un poco descafeinado. No estaban muchos grandes, como el propio United o el Inter, y los que sí están no dan la sensación de llegar al nivel de aquellas escuadras ni mucho menos. El Milan no es el de Ancelotti, el Chelsea no es el de Mourinho y el Bayern no es el de Hitzfeld. Fruto de la crisis económica o del creciente miedo a perder debido a las exigencias y expectativas, por el cual se apuesta por el juego físico resultadista y feo (véase al City de Mancini, aunque es cierto que el del italiano es un caso aparte), creo que cada vez habrá menos posibilidades de ver una eliminatoria abierta y con goles o, como mínimo, con muchas ocasiones de gol. Esos partidos en los que reinaba la tensión, en los que tomaban la palabra los futuros Balones de Oro. Partidos para grabar, enmarcar y recordar en años posteriores.

Por eso, tras el sorteo, quedé descontento. Porque sí, claro que como madridista quiero que el Real Madrid gane la Champions. No puedo tener más ganas de ello después de ya diez años. Pero puede que por esa carencia de eliminatorias míticas aún tenga una mayor necesidad de que el título venga precedido de duelos con los grandes. Para mí, lo ideal hubiera sido que los blancos se enfrentaran al Milan, al Bayern y al Barça. Los dos últimos aún pueden ser, pero el hecho de que tocara el APOEL me decepcionó un poco. Y es que sé que esta esencia del fútbol de siempre de la que vengo hablando no puede haberse marchado. Me lo confirma, por ejemplo, el haber disfrutado de la eliminatoria entre el Athletic Club y, de nuevo, qué casualidad que este equipo sea mencionado tantas veces, el Manchester United.

Muchos me dicen literalmente que soy un poco tonto. Que debería alegrarme por haber tocado un rival en teoría fácil y que pensar en las semifinales no sea para nada descabellado. Que seguramente si el Madrid gana la Champions luego piense que estas reflexiones eran una estupidez. Sin embargo, no creo que fuera a ser así. Precisamente porque recuerdo casi al dedillo duelos como el de la semifinal Madrid-Juve de la 2002-2003 en la que los merengues quedaron eliminados y me da un poco igual no acordarme del Madrid-Tottenham de cuartos de la temporada pasada. La diferencia está en la rivalidad, la competencia, el gusto real por el fútbol.

Ahora mismo soy como el yonqui que necesita su dosis. Y llevo esperándola mucho tiempo. El verdadero aroma de la Champions tendrá que esperar un poquito más este año. Si toda espera tiene su recompensa, entonces la mía deberá ser grandísima. Ojalá.



miércoles, 22 de febrero de 2012

SOBRE LAS MUJERES GUAPAS


Considero que existe mucha subjetividad en este sentido. Y me explico. Hay mujeres que son guapas de un forma objetiva. Si ves a una rubia despampanante con los ojos azules no puedes negar ese hecho obvio. Te podrá gustar más o menos, pero es innegable que es guapa. Está claro que no diría que no. Está muy claro. Pero a mí siempre me ha hecho más ‘tilín’ una belleza menos tópica. Quizás porque ya doy por hecha la obviedad de la belleza si se cumplen determinados cánones. No me sorprende, digamos. Los cánones, igual que los tópicos, son tales porque son verdad. Me gustan las rubias de ojos azules, claro, pero me agito con unos ojitos almendrados color miel, con una sonrisa bonita. En definitiva, con una cara a la que miro, y tras hacerlo una y otra vez, continuamente y en días posteriores aleatorios, las únicas palabras que me salen son siempre las mismas:
“Es que es guapa”.
Y punto. No me aventuro a decir si son los ojos, la boca, las mejillas o lo que sea. Supongo que el todo. Simplemente es mi 'tilín'. Y es subjetivo. Cada uno tiene sus propios 'tilines'.
Me gusta descubrir caras que me hacen ‘tilín’.

lunes, 9 de enero de 2012

"USTED CONOCE MIS MÉTODOS, RITCHIE"


"Es uno de aquellos casos en los que quien razona puede producir un efecto que le parece notable a su interlocutor, porque a éste se le ha escapado el pequeño detalle que es la base de la deducción."
Conan Doyle, La aventura del jorobado

Mi maldita tendencia al prejuicio me la estaba jugando otra vez más. Allá por 2009, soltaba rayos y truenos por mi boca al ver continuamente promocionada la película “Sherlock Holmes” dirigida por Guy Ritchie. ¿Convertir al fabuloso personaje de Sir Arthur Conan Doyle en un guerrero saltimbanqui a la altura de lo que hicieron con Van Helsing, por ejemplo, hacía unos años? No, por favor. En absoluto. No podían cometer tal sacrilegio.
Más o menos un año después, me decidí a verla. En parte para comprobar sí, efectivamente y tal como me habían dicho, era una película divertida y entretenida; en parte para poder emitir un juicio valorativo por mi propia cuenta. Porque no es malo criticar negativamente, pero sí hacerlo cuando no sabes qué es lo que estás criticando.
Una vez hubo terminado el film, me di cuenta de que no podía haber estado más equivocado en un primer momento. Evidentemente los personajes que Ritchie muestra en su película no son una representación estrictamente fiel de los originales de Conan Doyle, pero igual de cierto es que esa diferencia no es tan grande como en un primer momento puede pensarse. Los amantes de los relatos originales opinan seguro igual que yo. Y es que la esencia de los personajes clásicos, de las relaciones entre ellos, se mantiene. Tanto esta primera película, como su secuela, recientemente estrenada, reflejan muy bien esa personalidad extravagante tan particular de Holmes. El detective es desordenado, prácticamente siempre está encerrado en su casa de Baker Street, con la atención siempre puesta en la resolución de algún caso, recordando otros pasados y solucionados con éxito o realizando experimentos químicos. A Holmes le cuesta relacionarse con la gente porque sólo vive por y para sus casos, por y para los verdaderos retos, no para la vida cotidiana y monótona. Es un buen boxeador y luchador cuerpo a cuerpo. Está en plena forma. Se disfraza muy bien y muchas veces desaparece durante algún tiempo sin que nadie sepa dónde está.
Por su parte, el profesor Watson es su único y verdadero amigo. Su vida, sin embargo, sigue un camino diferente. Él sí evoluciona: se casa y abandona el domicilio en Baker Street, con lo cual se aparta un poco de Holmes. A pesar de ello, en el fondo ansía seguir viviendo “aventuras” con él. Éste, por su parte, también prefiere estar acompañado por su amigo en sus investigaciones, y por eso siempre se lo pide. Además, intenta “adiestrarlo” en su forma de sacar conclusiones. De ahí la famosa frase: “Usted conoce mis métodos, Watson.”
Todo lo que acabo de enumerar son rasgos que aparecen en los relatos originales de Conan Doyle. Todo ello, del mismo modo, se ve reflejado en las dos películas de Guy Ritchie. Algunos elementos un tanto exagerados, sí, pero, como apuntaba antes, la esencia se mantiene. Todo el universo holmesiano, en general, está muy bien reflejado, destacando sobre todo, en mi opinión, la plasmación de la personalidad excéntrica de Holmes. Es más, creo que una de las particularidades del montaje de las películas de Ritchie, esas sucesiones de planos cortos tanto ralentizados como acelerados, son perfectas para reflejar los procesos deductivos –o inductivos, aunque ese sería otro tema– que el detective lleva a cabo a partir de la observación de los detalles que tan recurrentes son en los relatos.
Guy Ritchie ha sabido manejar muy bien lo que le fue puesto en las manos. Como en la mayoría de sus películas, por otra parte. Porque no sólo ha hecho una muy buena adaptación, sino que también logra que los que no conocían el Canon holmesiano lo pasen bien con unas tramas entretenidas y bien construidas, aunque no reparen en que tras lo más comercial hay un profundo respeto por lo clásico y original. Porque ha logrado convencer con creces a un amante del Holmes literario que partía desde el más puro escepticismo hasta justo antes de ver la primera de estas adaptaciones al cine. Es como si el propio Conan Doyle, atravesando la barrera del tiempo, esa que tan sólo la literatura, la radio y la imaginación pueden esquivar con total libertad, se hubiera dirigido al director inglés tomando el papel de su detective: “Usted conoce mis métodos, Ritchie. Aplíquelos.”

miércoles, 28 de diciembre de 2011

CARMEN STERNWOOD

"Se mordió el labio, torció la cabeza un poco y me miró de reojo. Bajó los párpados hasta que las pestañas casi le acariciaron las mejillas y luego los alzó muy despacio, como si fueran un telón teatral: un truco con el que llegaría a familiarizarme, destinado a lograr que me tumbara patas arriba."


El sueño eterno



Carmen Sternwood.

Yo también termino patas arriba.

lunes, 26 de diciembre de 2011

"ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS" (II)

Encerrado en mi habitación. Con las luces apagadas. Con la persiana bajada cuando era de día. Con los cascos puestos. El mundo reducido a un metro cuadrado. Tan sólo el sonido y yo.

Durante casi una semana he estado buscando efectos, grabándolos yo mismo y componiendo atmósferas sonoras. Pero, sobre todo, me he transportado a los helados montes de la Soria medieval. He cabalgado junto a Alonso y Beatriz. Me he estremecido al escuchar historias de ánimas que se levantan de sus tumbas.

Al final de cada día tenía que estirar las orejas, casi aplastadas por los cascos.

Pero eso ha sido lo de menos.

He de confesar que esto era algo que había soñado durante mucho tiempo. El grabar una dramatización de El monte de las ánimas, sin duda, mi leyenda preferida de Bécquer y una de las que me ha marcado desde la primera vez que la leí. Hoy, por fin, la tengo aquí, acabada. Y como diría el propio Gustavo: "Allá va, como el caballo de copas". Pues eso, allá va. Espero que el que quiera perder algo de su tiempo en escucharla disfrute tanto como yo lo he hecho componiéndola. Y que tenga que volver la vista atrás de vez en cuando...

"Allá va, como el caballo de copas" (un año después) (enlace)






sábado, 17 de diciembre de 2011

NAOMI WATTS

Naomi Watts es guapa. Eso es un hecho objetivo.

Me encanta el papel que hace en King Kong. Quizás por esa razón me la imagino siempre así, rodeada por ese halo de luz etérea. Como si fuera un ángel, sí. Tal cual.

Hace una semana emitieron esa película en la tele. Justo cuando la puse se encontraba en la secuencia en la que el Kong lucha contra los T-Rex. Una de las mejores, sin duda. Pero no mi favorita.

Cuando la bestia se encuentra en mitad de Central Park, destrozando todo lo que ve a su paso, desbordado por la cólera, llega el momento en que encuentra lo que buscaba. No puede hacer nada. Está paralizado. Lo único que desea es estar con ella. Contemplarla. El maldito Peter Jackson supo representar de forma perfecta esa sensación. No hay nada alrededor, tan sólo ellos dos, la bella y la bestia.




Precisamente esa misma tarde, antes de haber encendido la tele, tenía pensado ver Mulholland Drive. Y lo había hecho sin saber aún que también la protagonizaba Naomi. Ya he hablado otras veces de que un síntoma claro para comprobar si una película me ha gustado de verdad es el hecho de que, al final, me levante del sillón con un respingo. Hay otro más: el de buscar información en la Wikipedia. Información no de la película en sí, sino de lo que cuenta. En este caso fue para saber, para entender mejor qué es lo que cuenta. La recomiendo encarecidamente.


(Ficha de Mulholland Drive)


En definitiva, escribo sobre Naomi Watts porque se convirtió en el hilo que unió dos grandes sensaciones esa tarde. Porque casualmente el mismo día en que volví a deleitarme recordando la escena de Central Park de King Kong descubrí una grandiosa película. Y porque, como dije al principio, Naomi es guapa. Es muy guapa. Y también actúa bien, muy bien.

viernes, 2 de diciembre de 2011

LA CANCIÓN DE CLAUDIA


"Algunos años más tarde, la señora Ansonia Feathers hizo el arduo viaje hasta el condado de Hodgeman para visitar el último lugar de descanso de su única hija.
Había pasado mucho tiempo desde que William Munny desapareciera con los niños… algunos dijeron que a San Francisco, donde se rumoreaba que prosperó en la venta de provisiones.
Y no había nada en la tumba que explicara a la señora Feathers por qué su única hija se había casado con un conocido ladrón y asesino, un hombre notoriamente vicioso y de carácter inmoderado."






Bien Clint, bien.

viernes, 25 de noviembre de 2011

"ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS"

Estoy leyendo El monte de las ánimas. Lo hago solo, casi en penumbra, las páginas alumbradas únicamente por la tenue luz que proporciona la pantalla del ordenador.

Este relato forma parte de mi lista de cuentos preferidos. Junto a El gato negro. Junto a Carmilla o El vampiro. Pero este tiene algo de especial. Probablemente porque fue el primero de esa lista. Porque la introducción, la majestuosa introducción estimula esa zonita tan peculiar del cerebro del ser humano, aquella que aún se estremece a pesar del avance científico. A pesar de que "ya está todo inventado".

Creo que voy a escribir un guión. Para adaptarlo a radio. Recuerdo que, hace no mucho, el programa Milenio 3 dramatizó la historia con motivo de la víspera del Día de Todos los Santos. Comencé a escucharla con mucha ilusión. Iban a dramatizar El monte de las ánimas... Sinceramente, me decepcionó mucho. Quizás por eso tengo clavada esa especie de espinita. Sí, voy a escribir ese guión.

Lo haré ambientándome, claro. Parecido a como Bécquer escribió la leyenda. Tan sólo espero no tener que volver mucho la cabeza, igual que él.

"Allá va, como el caballo de copas" (un año después) (enlace)


miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL ENIGMA DEL FIN DE LOS TEMPLARIOS (IV). EL BAPHOMET

EL BAPHOMET

Hagamos ahora un pequeño receso en la narración de los acontecimientos para centrarnos en una cuestión de especial importancia. En los numerosos documentos que contienen todos los interrogatorios que se llevaron a cabo desde ese momento hasta 1311, aparece citado en no pocas ocasiones un enigmático nombre. No pertenece a ninguna lengua conocida. Nunca antes lo había escuchado nadie. Un nombre que ha pasado a la posteridad, convirtiéndose en un enigma no sólo dentro de este marco histórico en el que tuvieron lugar los acontecimientos que aquí nos ocupan, sino que se hace extensible al conjunto de misterios de la historia general. El enigma de Baphomet.

El objetivo de estos interrogatorios era claro: había que conseguir la confesión de los templarios arrestados. La acusación de herejía era la que más interesaba a los inquisidores, por motivos obvios. En la carta que Felipe IV había mandado a las autoridades francesas ya se exponían algunos puntos, como la supuesta adoración a ídolos con forma de cabeza, a partir de los cuales iban a estar enfocadas las preguntas.

Pero, ¿cómo surge el nombre de ‘Baphomet’ o ‘Bafomet’? Existen muchas teorías al respecto, pero ninguna certeza. Por un lado, se afirma que puede tener un significado cabalístico y que, leído al revés, significaría algo como “el Padre del Templo” o “paz universal de los hombres”; por otro, se cree que puede ser la unión de dos palabras griegas, ‘baphe’ y ‘meteos’, esto es, ‘bautismo’ e ‘iniciación’, respectivamente, en una clara alusión a los supuestos rituales de admisión en la orden. Sin embargo, la hipótesis más extendida es la de que se trata de una deformación occitana de alguna otra palabra. Se habla de que ésta puede ser de origen musulmán, dado que hay quien dice que ‘Baphomet’ es la deformación de ‘Mahomet’, esto es, Mahoma. ¿Por qué precisamente de este nombre? Hay que tener en cuenta dos cosas, la primera, que, como hemos apuntado, se estaba “demostrando” que los templarios adoraban a un ídolo, y la segunda, que en Europa existía la creencia de que los musulmanes era idólatras, aunque en realidad hoy sabemos que no es así –de hecho, los cristianos, con las distintas imágenes de Cristo y la Virgen, sí que lo son–. De este modo, se dio por supuesto que durante las Cruzadas los Caballeros del Temple habían adoptado las costumbres del enemigo musulmán. Parece ser que esta idea empezó a difundirse promovida por Felipe IV, justificando así el hecho de que fracasaran en su misión de recuperar Tierra Santa, dado que Dios les habría dado la espalda, y fue además uno de los puntos principales de los interrogatorios inquisitoriales y la razón definitiva para que se crearan sospechas en cuanto a ese supuesto ídolo. En base a esto, existe la teoría de que el nombre de Baphomet lo habría pronunciado por primera vez un caballero occitano que habría sido cuestionado sobre el supuesto ídolo de los templarios. Éste afirmó que lo había visto y que se dirigían a él con el nombre que ya ha pasado a la historia, sólo que en realidad quería decir ‘Mahoma’, quizás influenciado por esa creencia cada vez más extendida del culto musulmán por parte de los templarios.

A pesar de estas teorías, el primero que definió el ídolo al ser interrogado fue el hermano Gaucerant de la encomienda de Montpézant, diciendo que se trataba de una imagen barbura “in figuram baffometi”, es decir, “con la forma de un ‘bafomet’”, como si esa palabra sí que fuera conocida, al menos, por sus hermanos, para referirse a esa talla.

Esta descripción de la cabeza con barba ensortijada “como la de los negros”, quizás también en relación con los musulmanes, se repite en otros testimonios; sin embargo, lo más representativo de las declaraciones de los templarios acerca de los baphomets son las diferencias entre estas descripciones. Algunos presentaban al ídolo como una cabeza, no sólo barbuda, sino con varias caras, otros afirmaban que tenía seis pies, dos delante, dos a los lados y dos detrás. Se hablaba también del material del que estaba confeccionado, aspecto en el que se difería de igual forma: de plata, de oro, de madera, de metal,… Incluso hubo quien llegó a afirmar que se trataba de cráneos humanos.

Otra descripción extendida, y que se diferencia de las anteriores, es la que presenta al ídolo Baphomet como “un gran macho cabrío sentado en un trono y entre sus cuernos lucía una antorcha encendida. Sobre la frente llevaba la estrella de cinco puntas, o pentagrama. Una de sus manos señalaba hacia lo alto, mostrando el signo del ocultismo, con la Luna Blanca de Chesed hacia arriba y la Luna Negra de Gebrugah hacia abajo. En el seno llevaba un caduceo, la vara delgada rodeada por dos serpientes que era el antiguo símbolo de Mercurio y que representa la actividad y la renovación. El vientre era de escamas y uno de sus brazos era femenino y otro masculino. Esta misma representación existe todavía hoy en las cartas del Tarot y simboliza la fuerza de la creación, la imaginación creadora y la inventiva práctica.” (Masiá Vericat, 2004:177-78).

En lo que sí solían coincidir todos era en que a esos ídolos se les rendía culto, se les adoraba y se les llamaba “Salvador” porque les proporcionaba poder y riqueza. Sin embargo, por regla general seguían difiriendo en los tipos de rituales descritos, aunque a veces existían ciertas semejanzas. Bernardo de Salgues y Bernardo de Silva, que fueron asistentes ocasionales a algunos de los capítulos que celebraban los templarios, afirmaron que la cabeza hablaba. Sostenían, además, que en uno de los rituales se presentó en forma de gato, prometió buenas cosechas y contestó a las preguntas que se le hicieron. Por último, aparecieron otros “demonios” en forma de mujer para satisfacer a los asistentes.

Llegados a este punto, hay que tener muy en cuenta un aspecto, y es que era frecuente que en los interrogatorios los acusados utilizaran la palabra “diablo” o “demonio” en las descripciones del supuesto ídolo, pero no se debe dar mucha credibilidad a los testimonios en ese sentido, dado que la insistencia de los inquisidores en ese tipo de preguntas relacionadas con la idolatría, añadida a las torturas, al hecho de que otros hermanos ya hubieran sido condenados al no decir lo que los inquisidores querían y a los “privilegios” durante el período de encarcelamiento –a Bernard de Salgues y Bertrand de Silva les quitaron los grilletes– si finalmente cedían, hacía que los acusados acabaran afirmando casi cualquier cosa. De este modo, los inquisidores conseguían que una simple mención a una supuesta talla con forma de cabeza pasara a convertirse en un culto a un ídolo que no era Dios, y de ahí en una adoración al diablo –lo cual no era muy difícil, teniendo en cuenta que la idolatría ya de por sí se consideraba una práctica herética y que, además, todo lo que no era adorar a Dios y sí a otros ídolos, era, por extensión, adorar al diablo–, favoreciendo así el hecho de conseguir justificaciones para una condena, que era, como apuntamos al comienzo de este apartado, el objetivo final.

En definitiva, nunca se logró demostrar la existencia del Baphomet. Hay hipótesis que afirman que no hubo ninguna talla con forma de cabeza a la que se adoraba, y prueba de ello sería que nunca se encontraron ninguno de esos ídolos, y que el nombre no aparece en ningún documento templario, además de las divergentes descripciones que, más que nada, se hacían para que cesasen las torturas. Sin embargo, muchos investigadores creen firmemente en que el Baphomet verdaderamente existió y que era adorado. Una de las razones que se apuntan para ello es que era la representación de la cabeza de San Juan Bautista –otros aseveran que en su origen fue su propio cráneo–, de gran significado para los templarios, dado que levantaron numerosos templos en su honor. No sería descabellado porque que se enmarcaría dentro de la tradición de diferentes culturas de adoración de cabezas cortadas, tal y como explica Mariano J. Vázquez Alonso (2005:190-91). Por último, el hecho de que se describiera de varias formas respondería a que había diferentes representaciones del Baphomet.


jueves, 17 de noviembre de 2011

MOMENTO RADIO

Acabo de escuchar "El discípulo de Drácula", un guión escrito por Juan José Plans para "Historias", el extinto programa de Radio Nacional de España dedicado a una de mis grandes debilidades: la radioficción.

La dramatización está hecha para aficionados al personaje del Conde. Tanto el de la novela como el del cine. Lógico, si se tiene en cuenta que se pretendía homenajear el centerario de obra de Stoker y el 150 aniversario de la muerte de éste.


Tiene esa atmósfera perturbadora, sí. Mantiene la tensión. Lo he escuchado con la luz bajita, como aconseja Plans al principio. Para que la imaginación se pusiera manos a la obra. Con esa magia que sólo transmite la radio.


Bien, acabo de darme cuenta de que últimamente sólo hablo de vampiros. Pues lo siento, es que me gustan mucho.




http://www.miedoteca.com/2011/06/el-discipulo-de-dracula.html

sábado, 12 de noviembre de 2011

DUPIN Y HOLMES, O EL PENSAMIENTO DEDUCTIVO

Me he comprado una libretita. Para apuntar cosas. Para que no se me olviden las ideas. Y resulta que estaba en la cama del hospital, tras mi artroscopia en la rodilla, leyendo El misterio de María Roget, cuando me encuentro con la siguiente intervención del brillante Dupin:


“-No creo necesario decirle –comentó Dupin al terminar la lectura de las notas– que es éste un caso bastante más complicado que el de la rue Morgue, del cual se diferencia en un punto muy importante. Esto es un ejemplo del crimen cruel, pero ordinario. No hallamos en él nada que sea particularmente exagerado o excesivo. Le ruego que se fije en que, por esta razón, ha parecido sencillo el misterio, aunque aquélla sea precisamente el motivo por el cual hubo de considerarse como más difícil de resolver.

Por esto, desde un principio, se consideró superfluo ofrecer una recompensa. Los pedantes auxiliares de G*** eran demasiado superiores como para comprender cómo y por qué podía haberse cometido semejante crimen. Su imaginación les permitía idear un modo (o varios), un motivo (o varios), y como no era imposible que uno de tan numerosos medios y motivos fuese el único cierto, creyeron como demostrado que el real había de ser uno de aquéllos. Pero la facilidad con que concibieron ideas tan diferentes, y hasta el carácter verosímil con que cada una estaba revestida, debieron haber sido tomados por indicios de la dificultad antes que de la facilidad atribuida a la explicación del enigma.”


Y, naturalmente, en seguida se me vino a la cabeza la famosa frase que Poe pone en boca del mismo personaje en Los crímenes de la rue Morgue:


“Yo creo que si este misterio se ha considerado como insoluble, por la misma razón debería ser fácil de resolver, y me refiero al outre carácter de sus circunstancias. La Policía se ha confundido por la ausencia aparente de motivos que justifiquen no el crimen, sino la atrocidad con que ha sido cometido. Asimismo, les confunde la aparente imposibilidad de conciliar las voces que disputaban con la circunstancia de no haber sido hallada arriba sino a madmoiselle L’Espanaye asesinada y no encontrar la forma de que nadie saliera del piso sin ser visto por las personas que subían por las escaleras. El extraño desorden de la habitación; el cadáver metido con la cabeza hacia abajo en la chimenea; la mutilación espantosa del cuerpo de la anciana, todas estas consideraciones, con las ya descritas y otras no dignas de mención, han sido suficientes para paralizar sus facultades, haciendo que fracasara por completo la tan traída y llevada perspicacia de los agentes del Gobierno. Han caído en el grande, aunque común error de confundir lo insospechado con lo abstruso.”


El paralelismo es más que obvio, pienso yo. En el caso de la rue Morgue, nos encontramos, según cuenta Dupin, con un misterio considerado por la policía como de difícil solución ante su imposibilidad de encontrar una explicación lógica de lo sucedido. Sin embargo, la dificultad para este “razonador” es mínima. Ocurre totalmente lo contrario con el caso de María Roget: al haber múltiples soluciones de carácter verosímil posibles, la policía opina que no habrá problemas para encontrar la verdadera, dado que ésta será una de aquéllas, aún sin haberlo comprobado, añado yo, suponiendo que esta es la deducción del personaje. Por el contrario, Dupin lo considera “más complicado que el de la rue Morgue”.

A partir de ese momento, y por esa misma razón, lleva a cabo un proceso de búsqueda de la verdad diferente al que puso en práctica en el primero de los misterios, y comienza a argumentar por qué algunos de los razonamientos que habían aparecido en ciertos periódicos dando posibles explicaciones al crimen y abriendo nuevas vías de investigación son falsos. Esto es, ante las numerosas posibilidades, lo que hace es ir descartando para, al final, llegar a la que no se pueda tildar de imposible, la cual será la verdadera. ¿Y no recuerda este modo de proceder a la también célebre frase de Conan Doyle: “Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”? ¿Nos encontramos, por tanto, ante una nueva prueba que demuestra la influencia que los cuentos protagonizados por Dupin tuvieron en el creador de Sherlock Holmes? No olvidemos que en el comienzo del relato La caja de cartón –que en muchas ediciones aparece en El paciente interno, por el hecho de que el anterior fue retirado durante un tiempo– Holmes lleva a cabo un proceso deductivo para saber lo que Watson, callado, estaba pensando en ese momento. Cuando su compañero, sorprendido, le pregunta cómo pudo haberlo “adivinado”, el detective, antes de explicarle todo ese proceso paso por paso, le dice:


“-Recuerde –dijo– que hace algún tiempo, cuando le leí un párrafo de Poe en el que un acertado conversador sigue los pensamientos no verbalizados de su compañero, usted se inclinaba a considerar el asunto como un simple tour-de-force del autor. Al observar yo que que yo mismo tenía la costumbre de hacer constantemente esto mismo, usted expresó cierta incredulidad.”


El “acertado conversador” no es otro que Dupin, y el párrafo al que Holmes se refiere pertenece a Los crímenes de la rue Morgue, cuando el personaje de Poe deduce también lo que su acompañante está pensando mientras los dos pasean por la calle.

Me encanta encontrarme con estas cositas. Con estas conexiones. Y ahora tengo mi libreta. Para que no se me olviden cuando las encuentro, como ya he dicho. Tan sólo espero que ahora me acuerde siempre de llevar un bolígrafo en el bolsillo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

EL NOSFERATU, EL VAMPIRO

La tarde de Halloween envejecía estando yo sentado en mi sillón delante de la tele. Mirando, sí, hacia la pantalla, pero sin prestar atención al juego de imágenes. Veía y procesaba, pero mecánicamente, sin detenerme en el fondo. Oyendo voces amortiguadas. En un momento dado llegué a Cuatro, donde se emitía un capítulo de la serie Castle, un especial de la víspera del Día de Todos los Santos. Me ocurre que fechas como la de aquel día me apetitan momentos de penumbra, lamparita opcional y ventana. Por ello, al comprobar la atmósfera del capítulo me puse en alerta. Comencé a dejar de procesar mecánicamente y a detenerme en el fondo. Los personajes de la serie hacían una fiesta y habían traducido su banal afán fetichista en una de las típicas calabazas con la forma tallada del Conde Orlock, el protagonista de Nosferatu. E impulsado por tal magia, la que me rodea en fechas como la de aquel día, la que mantiene el corazón en un estado de expectación continuo y que lo hace bombear de emoción una vez encontrado el elemento ideal, me puse a reflexionar tomando como punto de partida a la criatura, al no-muerto.
No es nada nuevo lo que viene a continuación, pero si a alguien le interesa el tema o tiene curiosidad por empezar a saber algo, aquí viene bien resumidito. ¿Por qué el vampiro, el mítico, el de las leyendas, recibe ese nombre dentro de nuestra cultura?


Cuando Friedrich Wilhelm Murnau decidió llevar al cine la historia de Drácula por primera vez, tuvo la idea de cambiar los nombres de los personajes para no tener que pagar derechos de autor a la viuda del difunto Bram Stoker, autor de la novela. Por ejemplo, el apellido de Jonathan Harker era Hutter, o algo parecido. Y digo 'algo parecido' porque escribo de memoria y no lo recuerdo muy bien. El Conde Drácula pasó a ser el Conde Orlock. Nosferatu, el título de la película, era uno de los nombres con los que en la Europa del Este se conocía a esas criaturas que en su hermana Occidental pasaron a llamarse ‘vampiros’.
No es que se pensara desde un principio que estos entes salían cada noche para chupar la sangre de los vivos. Su origen se encuentra mucho más atrás. En todas las culturas, desde siempre, ha existido la creencia de que hay ‘otro mundo’ al que van a parar los muertos, dentro de esa dualidad del cuerpo y el alma. El Paraíso en el cristianismo, los Campos Elíseos, el Inframundo al que se accedía a través de la barca de Caronte, el Limbo. Esos sitios reservados para la parte incorpórea del ser humano.
Piensa en algún familiar o algún conocido que haya estado muy enfermo. O alguien muy viejo. Imagina que esa persona que conoces tiene una larga enfermedad por la que lleva hospitalizada mucho tiempo. Poco a poco te vas haciendo a la idea de que, tarde o temprano, se va a ir. Sigue ahí, pero eres consciente de que no está de la misma forma que estaba antes. Su cuerpo aún vive, pero es sólo un resto de lo que fue. Es más fácil, en definitiva, asimilar que ha muerto cuando esto sucede. Me refiero a que es más fácil que si fuera una muerte repentina.
Yo tengo la teoría, o, más bien, estoy seguro, de que el ser humano, desde que es tal, desde que existe la primera criatura a la que se considera ser humano, hasta el último que haya, es lo mismo. Habrá estado acostumbrado a diferentes culturas, diferentes formas de vida, pero hay algo aquí arriba, en el cerebro, que siempre es lo mismo. Algo innato, algo que hace que ciertas relaciones estímulo-respuesta nunca hayan cambiado. Es la razón por la cual las leyendas urbanas, aunque adaptadas al tiempo en cuestión, siguen teniendo éxito. La razón por la que la gente sigue sentándose alrededor de una hoguera, o de unas velas, a contar historias de miedo. Aunque ya estemos en la época de la racionalidad, de la fría ciencia.
Por eso, esa sensación de la que antes hablaba, también existía antes, desde que el ser humano, como digo, se considera tal. Incluso un poco antes. Uno se había hecho a la idea de que algún familiar o conocido enfermo se iba a ir, pero cuando le ocurría a alguien de forma repentina, cuando a ese alguien aún no le había llegado su hora, la asimilación se hacía más difícil. Y en esos tiempos, en los que la creencia de que existía ese ‘otro mundo’ era mucho más fuerte que ahora, se pensaba que esas almas a las que aún no les había llegado el momento se quedaban ahí,entre nuestro mundo y el otro. También se pensaba que muchas veces algunas de éstas volvían para molestar a sus familiares y conocidos vivos. Probablemente esta creencia surgía precisamente por el hecho de no haber asimilado aún la pérdida, por el hecho de sentir todavía cerca a ese ser querido. Era esa sensación de tener que volver la vista atrás cuando se andaba, pensando que ese que se había ido estaba aún ahí, en algún sitio. Así, se decía, iban acabando con la fuerza vital de los vivos. Era un hostigamiento psicológico. La inquietud de pensar que nunca estabas solo sumada al miedo a lo desconocido, por no saber lo que aquel ente o lo que fuera podría o no podría llegar a hacer. De este modo, al tener que vivir con ese peso, con esa inquietud, sí que es posible que se fuera consumiendo su energía vital. De hecho, por miedo a que esto sucediera, muchas veces se enterraba a los familiares boca abajo, porque, en el caso de que se despertaran, comenzarían a excavar, de modo que si lo hacían tierra abajo nunca podrían salir al exterior.
Es aquí cuando entra en juego de nuevo una de esas conexiones que establece el cerebro de manera inconsciente. Cuando se hablaba de energía vital, nuestra mente, de forma innata e inconsciente como digo, establece una relación con la sangre, con el fluido vital. Es una creencia muy extendida desde siempre. Por eso se cuenta que San Jorge se bañó en la sangre del dragón, para adquirir su fuerza. Por eso Sigfrido se baña también en la sangre del dragón Fanfir, para hacerse invencible. Nunca nos lo han contado, y sin embargo lo sabemos, sólo que no nos damos cuenta de ello hasta que lo leemos o nos lo dicen. Es esa relación entre vida y sangre que el cerebro establece de forma innata. De hecho, hasta hace no mucho tiempo en España se seguía recogiendo la sangre de los mataderos porque se pensaba que ésta podía curar enfermedades. La gente con dinero pagaba a otros para que hicieran cola para recoger la sangre de las reses y así poder ingerirla como medicamento, o para fabricar ungüentos de belleza. Incluso en la medicina eran una práctica habitual las transfusiones de sangre cuando algún paciente se sentía más debilitado de la cuenta, cuando hoy en día se sabe que una transfusión de un grupo sanguíneo diferente puede causar la muerte. Pero entonces se creía. Por esa asociación mental. Innata. Primitiva.
Es por esto por lo que, cuando se hablaba de energía vital, pronto se empezó a hablar también de sangre. Y rápidamente se asoció a estas criaturas con el animal vampiro, que se alimenta chupando la sangre de otros animales. Es así como pasó a la Europa del Oeste. El vampiro, el vrykolaka, el vurdalak. El nosferatu.


Reflexión, primero monologada y luego transcrita, la tarde de Halloween del año 2011. Con Mina’s photo como música de fondo. El final de la transcripción ocurrió a las 18:17, coincidiendo con el final de la canción puesta en modo bucle.
En Madrid, a 31 de octubre de 2011