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viernes, 29 de marzo de 2013
jueves, 1 de noviembre de 2012
ALLÁ VA, COMO EL CABALLO DE COPAS
Es necesario que establezca bien, por tanto, la diferencia entre mis gustos 'favoritos' y mis gustos 'especialmente favoritos'. Los primeros, tal cual, son eso, gustos. Pero los segundos tienen que ver con el impacto de lo nuevo, con la impresión más allá de elementos narrativos, de formas de escribir. Por eso son 'especiales'. Porque fueron los primeros. Los que me ayudaron a descubrir.
Tal fue para mí El monte de las ánimas de Bécquer, y a la misma me refería al principio. Y decía que allá va de nuevo porque ya la compartí aquí, aunque por no sé qué motivo los administradores de la página web en la que colgué la dramatización decidieron eliminar el archivo. Por eso he decidido volver a compartirlo. Por eso y porque le he añadido algunas mejoras. Por eso y porque hoy, tal día como hoy, 1 de noviembre, Bécquer la escribió "volviendo algunas veces la cabeza con miedo".
Espero que disfrute quien la escuche, eso sí, sin olvidar que lo recomendable es colocarse los cascos, cerrar los ojos y dejar que la imaginación trabaje.
miércoles, 10 de octubre de 2012
sábado, 17 de diciembre de 2011
NAOMI WATTS
Me encanta el papel que hace en King Kong. Quizás por esa razón me la imagino siempre así, rodeada por ese halo de luz etérea. Como si fuera un ángel, sí. Tal cual.
Hace una semana emitieron esa película en la tele. Justo cuando la puse se encontraba en la secuencia en la que el Kong lucha contra los T-Rex. Una de las mejores, sin duda. Pero no mi favorita.
Cuando la bestia se encuentra en mitad de Central Park, destrozando todo lo que ve a su paso, desbordado por la cólera, llega el momento en que encuentra lo que buscaba. No puede hacer nada. Está paralizado. Lo único que desea es estar con ella. Contemplarla. El maldito Peter Jackson supo representar de forma perfecta esa sensación. No hay nada alrededor, tan sólo ellos dos, la bella y la bestia.
Precisamente esa misma tarde, antes de haber encendido la tele, tenía pensado ver Mulholland Drive. Y lo había hecho sin saber aún que también la protagonizaba Naomi. Ya he hablado otras veces de que un síntoma claro para comprobar si una película me ha gustado de verdad es el hecho de que, al final, me levante del sillón con un respingo. Hay otro más: el de buscar información en la Wikipedia. Información no de la película en sí, sino de lo que cuenta. En este caso fue para saber, para entender mejor qué es lo que cuenta. La recomiendo encarecidamente.
En definitiva, escribo sobre Naomi Watts porque se convirtió en el hilo que unió dos grandes sensaciones esa tarde. Porque casualmente el mismo día en que volví a deleitarme recordando la escena de Central Park de King Kong descubrí una grandiosa película. Y porque, como dije al principio, Naomi es guapa. Es muy guapa. Y también actúa bien, muy bien.
viernes, 2 de diciembre de 2011
LA CANCIÓN DE CLAUDIA

Bien Clint, bien.
viernes, 4 de noviembre de 2011
EL NOSFERATU, EL VAMPIRO

lunes, 24 de octubre de 2011
LA FOTO DE MINA
La escena de la película es magnífica, incluyendo ese constante homenaje de Coppola a la sombra del Nosferatu de setenta años antes. La foto de Mina. El eco del pasado que se funde con el presente.

domingo, 23 de octubre de 2011
A LA MANERA DE CARLITO
"Cuando estás en chirona, pasas mucho tiempo pensando en quién verás el primer día que salgas. El segundo, el tercero... pero, cuando sales, todos tienen una cara diferente a como la recordabas. En esa situación, rezas para que haya una cara que no haya cambiado. Que alguien aún te conozca y te mire como siempre lo hizo."
domingo, 9 de octubre de 2011
ATRACTORES
- Bueno, se me pasa por la mente de vez en cuando.
- ¿Y...?
- Bueno, por mi cabeza pasan muchas cosas. Podría reproducir toda la película de nuestra vida en un segundo: BOOM! Nos enamoramos, nos casamos, tenemos hijos, nuestros hijos se hacen mayores como nosotros, tumba doble en el cementerio... todo eso...
Puede que sea una mariconada, pero es que las historias estas de amor me enganchan, chico.
Y muy guapa la peli. Me he pegado una buena sesión de Wikipedia sobre la Teoría del caos.
sábado, 8 de octubre de 2011
MOMENTO MANHATTAN
Con un Manhattan en la mano se escucha mejor esta canción. La otra la tengo libre, metida en el bolsillo. No me hace falta. El sombrero y la pistola me los dejé en casa.
O quizás en el camerino de Christina.
domingo, 2 de octubre de 2011
EL CLUB OLIMPO
No tardé mucho en llegar. El Club Olimpo estaba a rebosar esa noche. Como todas. Ya sabía de sobra lo que me iba a encontrar. La gente reía y charlaba sentada en las mesas redondas, en las que no cabían más de dos o tres personas. Eran conversaciones totalmente triviales, sin trasfondo, sin sentido. Todo parecía falso. Presuntuosidad, alcohol y humo. El humo del tabaco que flotaba en el ambiente, y que se convertía en la metáfora perfecta de la nube de irrealidad que era todo aquello. Cualquier cincuentón calvo y gordo podía ser un auténtico Adonis durante la noche entre esas paredes, cualquier insípido podía convertirse en el alma de la fiesta. Eso sí, si podía pagarlo. El Club Olimpo era una república independiente dentro de Tango City cuyo presidente era Breno en la que se hablaba el idioma del dinero, y a veces, muy pocas veces allí dentro, el de las balas. Siempre intentaba que todo eso no me afectara. Había aprendido que ese mundo no era compatible con el de ahí fuera, el mismo en el que me habían enseñado a sobrevivir. El mundo real. Sin embargo, todavía había algo que lograba captar mi atención cual lobo de mar hipnotizado por el canto de la sirena.
Al principio fueron las primeras notas tocadas con el piano, cuyo eco resonó en todo el salón. Luego, la voz, que comenzó a entrar por mis oídos de forma tan suave como el tacto del terciopelo. Lentamente, una palabra, una sílaba tras otra. Me daba el tiempo justo de saborear ese sonido antes de que, con la misma delicadeza, se fuera diluyendo en el resto de la atmósfera del salón. Poco a poco. De forma progresiva. Por un momento, casi pude experimentar la sensación de que mis pies se alzaban unos centímetros por encima del suelo, y que era capaz de dirigirme así, levitando, hacia el escenario, situado a la izquierda de donde me encontraba. Julia Lugano era la cantante estrella del club. Su figura comenzó a emerger del fondo. La nitidez del contorno luchaba por prevalecer sobre el resplandor de los dos focos que apuntaban al centro a la vez que avanzaba hacia el micrófono. En cuestión de segundos, unas curvas sinuosas, siempre embutidas en un vestido largo, que esa noche era de color rojo, quedaron, al fin, completamente definidas. La perfección de sus facciones se acentuaba aún más con la iluminación cenital, resaltando la prominencia de los pómulos. Los ojos, grandes y claros, pero entornados y ensombrecidos por las largas pestañas. El tabique nasal recto, los labios, bien perfilados, con las comisuras inclinadas levemente hacia abajo. El inferior era más ancho que el superior, y sin embargo, hasta desde lejos, ambos seguían dando la sensación de llegar a ser incluso esponjosos. Pero era su voz, su presencia en el escenario, desde el que parecía poder abarcarlo todo, lo que la hacía irresistible. Las conversaciones se veían interrumpidas, cesaba el ruido de las copas al brindar, el de las risas falsas… El tiempo se detenía cuando empezaba a cantar. De súbito, sacudí la cabeza. Debía serenarme. Yo había sucumbido una vez a sus encantos, pero eso se había acabado hacía mucho tiempo. Ahora tenía entre manos un asunto que requería presteza. Miré hacia el frente. Allí estaba la barra, oscura, vacía. El lugar de los fracasados y los borrachos. Yo no era ninguna de esas cosas, pero siempre elegía ese sitio. Lo prefería antes que sentarme en una de las mesas. Siempre tuve miedo de hacerlo y que el agujero negro de la fachada y la hipocresía me tragara. Era algo que tenía mucho poder, al igual que el de la atracción de Julia. Además, María, la camarera, era mucho más guapa.


